Los pobres

Dice la Biblia en Juan 12: 8

“Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, más a mi no siempre me tendréis.”

Las palabras de Cristo al señalar que los pobres siempre estarían en la tierra no fue jamás una fatalidad o un determinismo económico. Fue una sincera respuesta a una hipócrita preocupación de Judas, el tesorero de Jesús y los discípulos, que al ver que un perfume de nardo puro de mucho precio, fue “desperdiciado” en lugar de darlo a los necesitados.

Y sí, los pobres siempre han existido en el mundo y por lo visto existirán por las razones más diversas y la expresión de Jesús “a los pobres siempre los tendréis” tenía otra finalidad u otro propósito que la iglesia no debe ni pasar por alto ni olvidar porque forma parte de su ministerio o su labor pastoral en la tierra.

Cuando Pablo comenzó su evangelización entre los gentiles, luego de una reunión para explicar lo que les enseñaba, al final de la conversación con los apóstoles en Jerusalén, los discípulos de Cristo estuvieron de acuerdo y Pablo escribió en Gálatas 2: 10: “Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres, lo cual también procuré con diligencia.”

La iglesia tiene un compromiso o una responsabilidad social: ayudar a los pobres. Idea que todos aceptan y comparten, pero que entra en controversia cuando se comienza a definir quien es una persona pobre porque generalmente se hace desde la perspectiva de la realidad imperante en cada sociedad.

Pero de acuerdo a la Biblia y particularmente del Nuevo Testamento, un pobre es una persona como Lázaro, el mendigo que vivía a las afueras de la casa del rico y que llagado comía las sobras de la casa del potentado. Según este relato es alguien que carece de los bienes más elementales para sobrevivir: comida, bebida y abrigo.

Y carece de ellos porque tiene diversos impedimentos que le hacen casi imposible sustentar su propia existencia ya no se diga la de su familia si tiene.

Es esta clase de personas a las que la iglesia debe siempre ayudar y colaborar. Por supuesto que de repente alguna persona sin las condiciones de necesitado se hará pasar por un indigente, pero con una buena revisión sabremos si estamos ante un verdadero pobre o un impostor que busca beneficiarse con la bondad de la iglesia.

Los pobres están en la tierra para hacer con ellos misericordia. No están para hacerles sentir mal, ni tampoco para menospreciarlos. La iglesia debe hacer su labor acordándose de ellos como lo hizo el apóstol Pablo que cuando hubo una necesidad entre los santos de Jerusalén escribió lo siguiente:

“Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.” Romanos 15:26. Los pobres son una oportunidad y no una carga.

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