El nombre

Dice la Biblia en Isaías 43: 1

“…te puse nombre…”.

Recientemente nuestra hija menor de las dos que tenemos con mi esposa cumplió años y ese hecho me hizo recordar cuando mi esposa y yo buscamos su nombre. En un inicio pensamos ponerle como nombre Zimja que en hebreo significa “alegría”, pero las dificultades ortográficas en México (a la hora de escribirlo en la escuela u oficinas publicas podría tener errores) optamos por Alegría.

Y así se llama nuestra hija Raquel Alegría. En honor a la verdad fue mi esposa quien la llamó así porque desde que nació siempre ha sonreído y le pareció que Raquel siempre sería así alegre y no se equivocó junto con Miriam alegran enormemente nuestra vida.

El nombre es una de las prerrogativas que los padres tienen sobre sus hijos. Aunque les preguntaran si se quieren llamar así o de otra manera no habría manera de que pudieran contestar porque son incapaces de ello. Reciben el nombre que los padres deciden ponerle. Ya sea porque así se llama papá o mamá, algún abuelo o abuela o porque simplemente les gusta.

En el pueblo de Israel el nombre es más que un capricho paternal. Generalmente los nombres bíblicos revelaban la personalidad de quien lo poseía. Por ejemplo Adán se llamo así porque fue extraído de la tierra. Eva recibió ese nombre porque fue la “que daba vida”. Y así con los nombre de personajes como Abram que fue cambiado por Abraham y Saraí que fue cambiado por Sara.

Por eso cuando Dios le dice a su pueblo que fue él quien le puso por nombre Israel en realidad les esta diciendo que fue él quien los engendró o los creó. No podrían existir, sino fuera por la voluntad soberana de Dios. Fueron una idea de Dios. Nacieron primero en el corazón de Dios y luego fueron una realidad en la tierra.

Pero tal vez la declaración más importante que deriva de la frase “te puse nombre” radica en la verdad de que Dios los conoce tan bien que sabe de sus temores y sus dudas, de sus fortalezas y debilidades y como un padre amoroso que le puso el nombre que lleva se apresta siempre ayudarlo y cuidarlo.

Que reconfortante saber que Dios es nuestro creador, pero que bendición más tremenda saber que es nuestro Padre, amoroso y cuidadoso, ocupado siempre en ayudarnos cuando las cosas parecen marchar en nuestra contra

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