Desprecio por los hipócritas

Dice la Biblia en Salmos 119: 113

“Aborrezco a los hombres hipócritas; más amo tu ley.”

Descubrir la hipocresía o falta de sinceridad de las personas es una de las experiencias más tristes que uno puede tener en la vida. Los hipócritas son seres que se mimetizan según sus intereses y sólo son leales a ellos mismos nunca a sus amigos, conocidos o familiares porque la falsedad de su vida es su carta de presentación.

Cuando uno se da cuenta que ha estado conviviendo con personas o supuestos amigos que fingen una actitud ante nosotros, pero en realidad solo son una impostura uno cae en un estado de gran desaliento porque uno ha depositado su confianza en personas que sencillamente no la merecían.

El salmista sentía desprecio por esta clase de personas. Y en lugar de deprimirse por haberlos tenido tan cerca y no darse cuenta, encuentra refugio en la ley del Señor de tal manera que la ama o que desea con toda sinceridad. Los hipócritas tiene la desdichada capacidad de desanimar o desalentar porque solo aparentan.

En algún momento todos corremos el riesgo de caer en la actitud hipócrita y lo único peor que puede haber después de conocer a una persona sin sinceridad es que uno mismo se convierta en un individuo que finja interés, amistad o lealtad a una persona y en realidad solo este fingiendo porque así conviene a sus intereses.

El salmista toma una alternativa ante la presencia de gente sin sinceridad: ama la ley del Señor, es decir se refugia en los mandamientos del Señor y en la palabra de Dios encuentra la verdad absoluta de Dios que jamás miente ni engaña y que se mantiene fiel e inmutable e invariable, según leemos en la Biblia.

El salmista desprecia a los hipócritas, pero ama la ley del Señor. La Escritura siempre nos recordará que Dios no cambia. Es el mismo de ayer, de hoy y por los siglos de los siglos. No como los hipócritas que hoy están contigo, pero tal vez mañana ya han cambiado de parecer y se han vuelto tus grandes enemigos.

Amar la ley de Dios implica meditar, reflexionar y ponerla por obra en nuestras vidas. Si no lo hacemos así caeremos en una gran hipocresía.

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