Los hijos en el matrimonio

Dice la Biblia en Génesis 25: 28

«Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.”

El libro de Génesis pasa de la lactancia de los gemelos Esaú y Jacob a su juventud. En esa etapa de su vida pronto dieron cuenta de sus particulares inclinaciones. Esaú fue un cazador y hombre de campo, mientras que Jacob fue un hombre más apacible que gustaba de estar más en el hogar que fuera de allí.

El libro de Génesis no oculta para nada la inclinación paterna de Isaac y Rebeca. Tanto el esposo como la esposa pronto tomaron partido entre sus dos hijos. Isaac se inclinó por Esaú porque le gustaba que salía a cazar y regresaba con algún animal que luego guisaba y eso le resultaba muy reconfortante y deleitoso al papá.

Pero Rebeca se inclinó más por su hijo menor. Para ella, la actitud de Jacob le gustaba más porque era más apacible y por supuesto pasaba más tiempo con ella. No es que no quisiera a su hijo, sino más bien Rebeca tenía muy en mente que sus dos hijos serían padres de dos grandes naciones, pero sobresaldría Jacob. “El mayor servirá al menor”, le había profetizado Dios.

Siempre que hablo de la preferencia sobre un hijo en una familia o el tema de un hijo o una hija que se consiente más en un hogar descubro mucho dolor y tristeza porque a los hijos se les debe dar un trato igual. Nada de hacer más por uno que por otro. Nada de privar de algo a los demás por dárselo solo a uno. La Biblia no promueve esa actitud.

Entonces que es lo que el autor de Génesis nos quiere enseñar al regalarnos este texto que subraya el interés que cada esposo tuvo en la familia de Rebeca e Isaac. En primer lugar creo que el verso subraya que papá y mamá se interesaron por sus hijos. Eso es muy importante. Los papás deben interesarse por sus hijos. A veces compartir la carga resulta sumamente reconfortante.

En segundo lugar cada uno de ellos apoyó la afición o inclinación de cada uno de sus hijos. Eran gemelos, pero no tenían intereses idénticos. Habían nacido el mismo día, el mismo mes y el mismo año, solo con diferencia de segundos, pero no eran iguales ni en su carácter ni en su físico. Eran completamente distintos. Sus papás lo comprendieron cabalmente.

Por la historia de sus vidas sabemos que Esaú no fue tan espiritual como Jacob y quien supo bien esta verdad fue Rebeca. ¿Intuición femenina? No. Revelación divina.

Pero independientemente del fin de la historia de los hermanos. Esta breve exposición de intereses e inclinaciones de los hijos en un matrimonio nos sirve para recordarnos que los esposos debemos ser sabios a la hora de formar a nuestros hijos. Ellos aunque los engendramos nosotros siempre serán distintos.

Así la pareja se ahorrará discusiones cuando se educa o forma a los hijos porque lo que funcionó en uno, tal vez en el otro no opere y por lo tanto serán siempre necesario contar con la guía de nuestro buen Dios para encauzarlos hasta donde más se pueda en el camino santo de Dios. Hecha esa tarea será responsabilidad de ellos alcanzar sus metas y sus objetivos en la vida.

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