Obediencia y desobediencia

Dice la Biblia en Proverbios 2:1

“…si recibieres mis palabras…”.

El libro de Proverbios es un manual para padres e hijos, principalmente, aunque bien aplica para cualquier persona, pero su estilo literario es como el de una carta dirigida a un hijo o hija por parte de su padre o aún de su madre, tratando en todo tiempo de hacer entender al hijo de lo importante que resulta obedecer a sus padres y como consecuencia natural obedecer a Dios.

La expresión “si recibieres mis palabras” es el supremo anhelo que todo padre o madre o ambos tienen con respecto a sus hijos y el eterno conflicto entre padres hijos cuando de ordenar y obedecer se trata porque muchas veces los hijos dejan de atender las instrucciones de sus padres y optan por hacer de su vida lo que les place.

Pero también en la frase descubrimos lo que se gana si se atiende y obedece a los padres o si se ignora y no se considera lo que nuestros progenitores nos inculcan. Recibir la instrucción de quienes nos dieron la vida o rechazarla jamás dejará de tener consecuencia. La sumisión a nuestros padres siempre pagará mejor que desatenderlos.

En todo el capítulo dos están marcadas grandemente las diferencias entre las dos opciones que hay con respecto a lo que nuestros padres nos demandan. O bien recibimos su palabras y obtenemos sabiduría e inteligencia para bien vivir o las desoímos y traemos a nuestra vida lo peor de este mundo.

Salomón desea dos cosas con este proverbio: 1. Que los padres instruyan a sus hijos. Los papás debemos entrenar a nuestros retoños en los valores de la vida, pero sobre todo en el conocimiento del temor de Dios y 2. Los hijos deben oír a sus padres y luego poner por obra todo lo que les dicen o les piden.

El éxito en estas dos acciones llevará a padres e hijos a una relación en la que el triunfo está garantizado y los padres y los hijos se llenarán de logros en la vida. Pero la falta de cualquiera de los dos hará de la paternidad uno de las etapas de la vida más difíciles y complicadas en la existencia humana.

De igual manera, Dios es un Padre que extiende su invitación para que nosotros sus hijos le obedezcamos y al recibir sus palabras tenemos garantizado el éxito en cada uno de nuestros proyectos de vida.

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