El celo

Dice la Biblia en Números 25: 11

“Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho apartar mi furor de los hijos de Israel, llevando de celo entre ellos…”.

La historia de Finees es sumamente interesante. El pueblo de Israel moraba en Sitim que estaba habitada por los moabitas. Las mujeres de Moab eran promotoras incansables de la adoración de Baal-peor, una deidad que exigía como veneración que sus seguidores tuvieran relaciones sexuales con sacerdotisas instaladas en su templo. Los judíos fueron arrastrados y pecaron.

El furor o la ira del Señor se encendió contra tal pecaminosidad y comenzó una mortandad que privó de la vida a veinticuatro mil hebreos. Uno de los israelitas llevó a su concubina madianita ante Moisés tratando de evidenciar que él tenía una esposa extranjera a fin de descreditar al líder del pueblo.

Finees entonces siguió a la pareja hasta su casa y allí los atravesó con una lanza y ambos murieron. Dios entonces detuvo la mortandad que parecía no cesar y los judíos sobrevivieron al furor del Señor. Finees recibió no solo el reconocimiento sino también la promesa de que su descendencia siempre estaría al servicio de Dios en el tabernáculo y templo de Jerusalén.

A Fineess lo movió el celo del Señor. Algunas versiones traduce este pasaje así: “Finees ha hecho que se calme mi ira contra los israelitas, porque él ha tenido el mismo celo que yo tengo por ellos”, lo que nos ayuda para entender que Finees actuó así porque la acción de los judíos estaba poniendo en entre dicho el honor de Dios.

El sacerdote actuó así porque él tenía muy presente lo que Dios había dicho en su palabra en los Diez Mandamientos que no permite que se adore a otros dioses en lugar del Dios verdadero y por ello tomó la vida de un hombre que sintetizaba o abanderaba el pecado de los israelitas en Sitim con las moabitas.

El celo del Señor se entiende como la defensa del honor de Dios. Finees defendió el honor de Dios justamente cuando estaba en entredicho o estaba siendo pisoteado o era objeto de burla por parte de sus hermanos judíos. Dios se agrada grandemente cuando defendemos su honor porque Él es celoso de su nombre.

Quien defiende el honor de Dios siempre tendrá la promesa divina de servir a Dios por todas sus generaciones.

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