Los mandamientos están muy cerca de nosotros

Dice la Biblia en Deuteronomio 30: 11

“ Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.”

En su mensaje final antes de subir al Monte Nebo, donde moriría, Moisés dirigió a los judíos de la segunda generación de los que habían salido de Egipto un conmovedor discurso de despedida en el que les repetía con toda claridad la firme intención de Dios de hacer de su pueblo una nación santa, a pesar de la dureza de su corazón.

En esas palabras, les recordó una importante verdad: los mandamientos, ordenanzas, estatutos y leyes del Señor no son difíciles ni están lejos. Lo decía un hombre que Dios escogió para ser el medio por el cual fue recibida la revelación divina y la plasmó en los cinco primeros libros de la Biblia que los judíos conocen como Torá y nosotros como Pentateuco.

En palabras de Moisés las demandas de Dios o sus exigencias no son complicadas ni gravosas, todo depende absolutamente de la perspectiva con la que las miremos o con las que la recibamos. Para quien desea vivir su vida bajo su propia voluntad o sus propios deseos siempre será una carga, pero para quien desee hacer la voluntad de Dios, no será fácil, pero tampoco imposible.

Muchas personas han creído siempre que los mandamientos que Dios ha dado en su palabra son sencillamente imposibles de atender porque suponen que fueron diseñados para atormentar a los seres humanos y para hacerles pasar muy amargos momentos, pero en esta es una idea completamente equivocada.

Cuando el Señor nos entregó sus mandamientos lo hizo sabiendo que lo que demandaba lo podíamos cumplir. ¿Por qué habría de darnos ordenanzas que no se podrían cumplir? No tendría ningún sentido. Lo que pide o demanda se puede hacer, con dificultades por nuestra inclinación maligna, pero son aplicables.

La diferencia entre quienes las obedecen y quienes la rechazan reside esencialmente en lo que más adelante dice Moisés: la palabra no esta lejos, en el cielo o en el extremo del mar, sino muy cerca de nosotros, en nuestra boca y en nuestro corazón para cumplirla.

Para poner por obra lo que nos pide Dios, hay que colocar su palabra cerca de nosotros: en nuestra boca y en nuestro corazón. Al ponerlas en esos dos lugares, hacer lo que nos pide Dios no será gravoso, pero lejos de allí será más que imposible cumplir aún con los mandamientos más sencillos.

Moisés quería que el pueblo de Israel y nosotros comprendiéramos que la palabra de Dios debe estar en nuestro corazón y en nuestra boca para obedecer a Dios. La palabra de Dios instalada en ambos lugares nos garantiza absolutamente la posibilidad de obedecer siempre al Señor. Es como programarla en nuestro ser para que podamos poner por obra lo que el Todopoderoso pide.

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