Bendiciones del Señor

Dice la Biblia en Lucas 24: 51

“Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo.”

Sólo el evangelista Lucas registra los últimos momentos de Jesús en la tierra y el instante justo cuando el Señor se separa de sus apóstoles en Betania, cerca de Jerusalén, para ser llevado arriba el cielo en uno de los hechos sobrenaturales que testimonian o confirman la naturaleza divina del Hijo de Dios.

Antes de irse, Jesús bendijo a sus discípulos. Fue el último acto para los once que estuvieron con él hasta el último momento. Judas había muerto ya y sólo quedaron los once de quienes se despidió con la única manera que lo podía hacer quien los amó desde que los escogió hasta el momento de dejarlos solos en la tierra, es decir sin su presencia física.

La expresión “los bendijo” es típicamente hebrea. Los judíos tenían por práctica común bendecirse mutuamente. En el shabat los padres bendicen a sus hijos y los hermanos se bendicen entre ellos. En el templo de Jerusalén los judíos reciben la bendición sacerdotal que dice: “El Señor te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.”

Los patriarcas bendijeron a sus hijos. Isaac bendijo a Jacob. Jacob bendijo a sus 12 hijos y le alcanzó también para bendecir a los dos hijos de José: Efraín y Manases. En estos dos últimos casos la bendición fue hecha por las tareas que en el futuro recaerían sobre quienes se invocaba el bien del Señor del cielo y de la tierra.

Es interesante notar que diez días después de esa bendición llegaría el día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo vendría sobre la tierra y en particular sobre los apóstoles. Tal vez no habría necesidad de hacer más por los discípulos toda vez que con el Espíritu Santo serían revestidos del poder del Señor, sin embargo Jesús los bendijo.

Una bendición para nuestros seres queridos nunca estará demás. Invocar el nombre de nuestro sobre quienes apreciamos y amamos será siempre lo mejor que les podemos dejar.

Jesús se fue con una bendición y su regreso será una bendición para todos los hijos de Dios porque habrá de derrotar para siempre la maldad que domina este mundo y nuestro corazón habrá de llenarse de dicha y paz por su bendita presencia que destruirá la maldad y sus emisarios los malignos.

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