Juntos en las pruebas

Dice la Biblia en Job 2: 9

“Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.»

La esposa de Job quedó en estado de “shock” cuando vio que la calamidad le arrebató a sus hijos, sus posesiones y la salud de su esposo. El grado de sufrimiento de Job fue para ella insoportable que cuando el patriarca quedó arruinado completamente ella lo único que pudo hacer fue atribuir a Dios la causa de todos los males que su consorte estaba pasando. Y no estaba equivocada. Su error consistió en no saber que en la vida ambas tienen que aceptarse.

En el texto original no aparece la expresión “maldice”, en realidad la expresión que aparece es el verbo “barek” que procede de la raíz hebrea “barak” que se traduce como bendición. La esposa de Job nunca maldijo a Dios. Lo que ha ocurrido en este texto es una interpretación de los traductores, pero en realidad allí no aparece ninguna maldición.

¿Por qué han hecho esto los traductores? Por el contexto con el que habla la esposa. Los traductores han interpretado la palabras de la esposa de Job como una ironía o una burla y de allí en lugar de traducir como “bendice a Dios, y muérete, lo que han hecho es traducir “Maldice a Dios, y muérete” para resaltar la crisis emocional en la que ella entró.

Algunas versiones hacen en sus pies de nota esta aclaración porque es importante no perder de vista que maldecir a Dios siempre ha sido uno de los pecados más agraviantes a su naturaleza y por lo que sabemos, la esposa de Job fue la única familia de ese santo varón que no murió, además fue ella quien le devolvió la prole que había perdido.

La esposa de Job había entrado en una situación muy difícil para ella. Una madre que había perdido a todos sus hijos de la noche a la mañana estaba inconsolable. Si una mamá llora y llora por un hijo muerto, imaginemos a esta esposa que de pronto no tenía un solo hijo, olvidemos que había perdido su patrimonio. El único que le quedaba era Job, pero en esa condición prefería verlo muerto.

Ella no podía como muchos de nosotros entender como un hombre tan consagrado como su conyugue estuviera en esa condición. De hecho cuando los amigos de Job lo visitaron lloraron al verlo en una condición tan deprimente material y físicamente. De la riqueza había pasado a la pobreza extrema.

En esa condición es posible entender las palabras de la esposa de Job y en ese sentido es entendible que Job la reprendió no por maldecir a Dios, sino por no comprender un principio que hasta ese momento no había enfrentado: recibir de idéntica manera el mal como se recibe el bien en la vida.

La esposa fue la única que sobrevivió a la tragedia que vivió Job. Fue su compañera en su dura prueba y fue ella su compañera en la restauración. Una mujer que maldice a Dios no sería digna de ello. Es posible y lo creo así que las palabras del patriarca calaron en su corazón y depuso su actitud.

Juntos atravesaron el peligrosísimo valle de muerte y juntos salieron de allí. El valor de su ejemplo radica justamente en que ni ella dejó a Job por su condición, ni el patriarca la abandonó por su fatuidad o necedad al momento de ser probado por Dios. Un matrimonio se prueba no solo en la dicha, pero también en la enfermedad y calamidad.

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