Alza la voz por los que no tienen voz

Dice la Biblia en Proverbios 31:8

“Abre tu boca por el mudo. En el juicio de todos los desvalidos.”

Me gusta mucho la versión Dios Habla Hoy al traducir este pasaje de la siguiente forma: “Levanta la voz por lo que no tienen voz; defiende a los indefensos.” El proverbista está alentando y promoviendo que cada persona con capacidad de hacer algo por quienes no pueden hacer algo por sí mismos, lo haga.

No es una tarea fácil ni exenta de riesgos. Generalmente cuando uno ayuda a su prójimo que carece de fuerzas o recursos para levantar su voz ante las injusticias y ante los injustos uno corre el grave riesgo de enfrentar a los poderosos o a aquellos que se sienten amenazados cuando los débiles o los pobres tienen alguien que los apoye.

Hace apenas unos días se celebró el 100 aniversario del natalicio de Nelson Mandela, uno de los hombres más importantes en la lucha contra la segregación racial. Leí sobre su lucha hace 30 años. En la revista Selecciones que mi padre solía traer a la casa supe de su injusto encarcelamiento en Sudáfrica, pero su tenacidad porque sabía justa su lucha.

Mandela alzó como pocos su voz para defender a millones de seres que vivían o sobrevivían en medio de una azarosa discriminación racial que les quitaba derechos y los hacía casi esclavos modernos de una minoría blanca. Defender al débil le costó a Mandela sufrir prisiones y muchas amenazas de muerte.

Cuando el pastor bautista, Martin Luther King alzó su voz por los millones de afroamericanos que sufrían segregación racial en Estados Unidos sufrió cárcel y persecución y finalmente la muerte violenta.

Alzar la voz por los que no tienen voz es un privilegio con muchos riesgos, quien se asume como tal debe estar consciente de que le esperan toda clase de adversidades, persecuciones, amenazas y hasta la muerte, pero también le espera un reconocimiento celestial por haber ayudado a quienes vivían indefensos.

Es tan grande el privilegio de ser la voz de los débiles que todos aquellos que lucran con los necesitados merecen toda nuestra repulsa.

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