Predicar sin dinero

Dice la Biblia en Mateo 10:9

“No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos.”

Cuando Pedro y Juan se dirigían al templo de Jerusalén a orar encontraron a un cojo en la puerta llamada La Hermosa. Era un pordiosero que era colocado por su familia para obtener dinero de quienes acudían a ese lugar sagrado. Pedro y Juan, como muchos, lo vieron y Pedro le dijo:

“No tengo planta ni tengo oro, pero lo que tengo te lo doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” Y tomándole por la mano derecha lo levantó; y al momento se le afirmaron los pies y los tobillos, relata Lucas en el libro de los Hechos 3:6-7. No tenían dinero, pero tenían algo todavía más valioso que tesoros: el poder de Dios.

Cuando Cristo envió a sus discípulos a predicar el evangelio les dio una orden sumamente inusual: no deberían de llevar nada de dinero. La predicación se convertía así para el mensajero en un acto de fe. Su mensaje era tan importante que Dios se encargaría de proveerle para sus necesidades.

La predicación que habrían de hacer los apóstoles podía prescindir de recursos económicos estableciendo una verdad muy útil para estos días cuando la iglesia parece anclada en el tema de las finanzas como el único y más importante. Predicar sin dinero está al alcance de todos. Si para predicar se necesitara dinero, los pobres no lo harían.

Por supuesto que se necesita dinero, por supuesto que muchas cosas se hacen con recursos económicos, pero el mensaje de Cristo se puede y se debe propagar independientemente si hay o no capital financiero. El mensaje de Cristo es más importante que el dinero, es el mensaje de estas palabras de Jesús a sus apóstoles, los enviados a predicar.

Las palabras del Señor cobran relevancia en momentos en que algunos liderazgos de la iglesia consideran el dinero como un tema que hay que remachar una y otra vez. Liderazgos que “cobran” por ministrar. Personas que han tomado como bandera que el creyente “pague” o alcance bendiciones merced al dinero que ofrezca.

Liderazgos que tienen establecidas “tarifas” por predicar o cantar y si no se alcanzan esos requerimientos sencillamente no hay mensaje.

La historia de Simón “El mago” viene muy bien aquí. Porque mal entendió el mensaje de Cristo y quiso lucrar con él, ofreciéndoles dinero a los apóstoles para obtener el poder del Espíritu Santo. Las palabras de Pedro sobre el fueron durísimas: “Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.” Hechos 8:20.

Cristo les hizo ver a sus discípulos y nos hace ver a nosotros que para predicar no se necesita dinero, únicamente el deseo de hacerlo y él siempre se encargará de la provisión para sus mensajeros.

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