Demas: El amigo que deserta por amar al mundo

Dice la Biblia en 2ª Timoteo 4: 9-10

«9 Procura venir pronto a verme,  10 porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia.»

Introducción

Cronológicamente Demas aparece mencionado en el primer encarcelamiento del apóstol Pablo. En la carta a los Colosenses 4: 14 Pablo lo menciona como quien envía saludos a esa iglesia por lo que podemos deducir que era conocido en esa congregación. Aunque es una mención sencilla sin ningún adjetivo como los que usualmente utilizaba el apóstol.

También lo vemos mencionado en la carta de Filemón y allí ya lo incluye entre sus colaboradores junto con Marcos, Aristarco y Lucas. Es muy probable que era también conocido por Filemón el gran amigo del apóstol Pablo en la ciudad de Colosas. Demas a diferencia de otros colaboradores de Pablo no aparece en el libro de los Hechos.

Vuelve a aparecer mencionado en la segunda prisión del apóstol Pablo, pero ya en otra situación. De ser un colaborador de Pablo se convirtió en un desertor. Un hombre que estaba con el anciano Pablo para apoyarlo en su prisión, pero de la noche a la mañana lo abandonó.

Demas se fue de Roma dejando solo al apóstol. La expresión “me ha desamparado” la traducen algunas versiones como “me ha abandonado”. Por la solicitud que le hace el apóstol a Timoteo entendemos que se ha quedado solo y necesita que Timoteo lo venga a ver a Roma.

Demas desertó en el momento mas inoportuno: Pablo estaba a punto de morir y la crisis era muy fuerte y él sencillamente se fue y dejó solo por una razón que explica el propio Pablo: porque amó más a este mundo que al Señor. Demas dejó a Pablo por amar más al mundo.

El verso 10 de este pasaje nos permite conocer el ambiente predominante en la segunda prisión de Pablo. El trato hacia el apóstol ya no era el mismo que el primero. La persecución se recrudeció y la presión sobre él fue muy fuerte. No era lo mismo que la primera vez que fue encarcelado.

Demas no se logró integrar a ese nuevo escenario. Pablo había enviado a Crescente a Galacia y a Tito a Dalmacia y a él le había pedido que permaneciera con él, pero Demas decidió salir de Roma y se fue a Tesalónica. Pablo lo necesitaba a su lado, pero el optó por abandonarlo. Entre el amor por Cristo y en consecuencia por Pablo, prefirió el mundo.

El amor al mundo es incompatible con el servicio a Dios. Así se deduce de la actitud de Demas. La expresión “amor al mundo” es mencionado por el apóstol Juan en su 1ª Carta 2:15-17 y nos sirve para saber lo que le sucedió a este hombre que ha pasado a la historia como un desertor.

Demas: El amigo que deserta por amar al mundo

I. Demas desertó porque sucumbió a los deseos de su naturaleza
II. Demas desertó porque lo derrotó el deseo de poseer lo que agrada a los ojos
III. Demas desertó porque perdió la batalla contra el orgullo de las riquezas

I. Demas desertó porque sucumbió a los deseos de su naturaleza

La primera característica de una persona que ama más al mundo que al Señor es que los deseos de su naturaleza caída son más fuertes que sus convicciones por servir a Dios. El creyente y el servidor de Dios libra cada día una terrible lucha entre la nueva naturaleza que Cristo le ha dado y la vieja naturaleza que vive en él.

La frase los deseos de la carne que utiliza la versión Reina Valera 1960 se traduce de diversas formas: “los malos deseos de la naturaleza humana”, “mundanalidad”, “codicia del hombre carnal”, entre otros. Y eso fue lo que experimentó Demas.

Cuando Pablo quedó preso formalmente por segunda ocasión y sin visos de una liberación ni el corto ni el largo plazo, Demas quedó sumamente confundido. Él no había estado en ninguno de los viajes misioneros de Pablo, ni en su periplo a Roma. Sólo la primera vez que el apóstol estuvo en Roma preso. Hechos 28:30 nos dice que en una casa alquilada.

Pero en la segunda prisión ya las cosas habían cambiado y Pablo tenía algunos pendientes que quería resolver. Demas se dejó arrastrar por su vieja naturaleza que lo dominó y terminó alejándolo del sacrificio y entrega que esos días requerían para todos los colaboradores de Pablo.

Amar al mundo provoca en las personas que su naturaleza caída con todos sus malos deseos la domine y evite que sirva al Señor como se requiere.

II. Demas desertó porque lo derrotó el deseo de poseer lo que agrada a los ojos

La segunda característica de una persona que ama al mundo es que se deja dominar por el deseo de sus ojos. Todo lo que ve lo desea poseer o tener y no descansa o no haya tranquilidad hasta que lo tiene. El sentido de la vista juega en contra de esta clase de personas porque no pueden resistir lo que miran.

También hay diferentes traducciones para “los deseos de los ojos” que la Reina Valera 1960 ofrece: “la concupiscencia de los ojos”, “la codicia de los ojos”, “el deseo de poseer todo lo que agrada”, “ojos siempre ávidos”.

Demas hizo rápido un balance: al lado de Pablo había carencias, austeridad y sólo lo mínimo necesario para sobrevivir y el miraba que fuera de ese mundo o ese reducido grupo de evangelista había más cosas y rápido también tomó una decisión: abandonaría al apóstol Pablo para buscar todo aquello que sus ojos querían.

Este es uno de los ganchos más fuertes que ejerce el mundo sobre las personas. Quieren tener lo que ven. Lo que resulta agradable a los ojos siempre atrae y a Demas lo atrajo mucho lo que se permitió ver con sus ojos.

III. Demas desertó porque perdió la batalla contra el orgullo de las riquezas

La tercer característica que nos da Juan en su carta con respecto a los que aman al mundo es que quien ama al mundo busca “la vanagloria de la vida”, según nos dice la versión Reina Valera 1960, en una frase que se traduce también como “el orgullo de las riquezas”, “gente que ostenta su superioridad”, ”los que poseen riquezas y popularidad”.

En primer círculo de Pablo había gente rica, pero no riquezas. Había poderosos, pero humillados ante el Señor. Demas quedó muy decepcionado cuando vio que en la segunda prisión a Pablo se le dio un trato como uno de los mortales más comunes del imperio, ya no se le dio una casa para estar ni un trato preferencial.

En el cristianismo no hay ni debe haber nunca gente más importante que otra. Todos somos iguales ante el Señor, pero el mundo pondera o alaba siempre a los que tiene una “posición” o un nivel más alto que otros y eso esta mal de acuerdo a Santiago 2: 1-10.

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