Cumplir lo mandamientos nos hace grandes en los cielos

Dice la Biblia en Mateo 5: 17-20

17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.  18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. 20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Introducción

Una de las acusaciones favoritas o recurrentes de los escribas, fariseos, saduceos y maestros de la ley contra Jesús fue siempre que quiso destruir la ley o Torá judía. Los milagros sábado fueron su mejor argumento. Por eso las palabras de Jesús en el Sermón de la montaña con relación a la ley y los profetas fue esclarecedora.

La ley fue y es la columna vertebral del pueblo de Israel. La presencia de Cristo parecía convertirles en antagónicos, pero el Señor aclaró las ideas equivocadas que prevalecían en esa época con estas palabras que dirigió a sus seguidores.

Jesús vino a cumplir la ley de Moisés. No vino a abrogarla o dejarla sin efecto. Tampoco vino a reformarla o suspenderla. Cristo vino a cumplir la parte que le correspondía cumplir y dejó en claro que todo lo que señala la Escritura habrá de cumplirse. Nada quedará sin efecto y por el contrario todo se ejecutará según los planes divinos.

La ley no está abrogada está cumplida que es muy distinto. Sobre todo para explicar por qué los judíos siguen tan apegados a ella porque no ha quedado sin efecto. Lo que Cristo hizo fue cumplir lo que le correspondía y dejó en claro que ni una jota ni una tilde dejará de cumplirse.

Y además dejó una consigna que dirigió a los maestros de la ley de su tiempo: si ellos quebrantaban un mandamiento de los 613 que tiene la ley hebrea y así lo enseñaban a sus seguidores se empequeñecían en el reino de los cielos y en sentido contrario si lo cumplían y así lo enseñaban, entonces, serían llamados grandes en el reino de los cielos.

Y entonces le pidió a sus seguidores que se esforzarán porque su justicia o piedad fuera más grande que la de los fariseos. Los fariseos hacían que cumplían con la ley, pero en realidad sólo hacían que los demás llevarán cargas que ni ellos mismo querían cargar, según los denunció el propio Cristo.

Un llamado a obedecer los mandamientos de Dios

I. Cristo vino a cumplirlos
A. Los que hay en la ley y los profetas
B. No vino abrogarlos o abolirlos
II. Todo se van a cumplir
A. Hasta que pase el cielo y la tierra
B. Ni una jota ni una tilde pasará
III. Todos debemos cumplirlos
A. No hacerlo nos hace pequeños en el reino de los cielos
B. Hacerlo nos hace grandes en el reino de los cielos
IV. Se debe cumplir más que los fariseos
A. Con una justicia mayor
B. Para entrar al reino de los cielos

I. Cristo vino a cumplirlos

Cristo le dijo a sus discípulos que había venido a cumplir los mandamientos contenidos en la ley y los profetas. La Tanaj o Biblia hebrea se divide en tres partes. Torá (Ley o Pentateuco), Navim (Profetas) y Ketuvim (Escritos). Cristo dijo que todo lo contenido en los profetas y la ley había venido a ponerlos por obra.

A. Los que hay en la ley y los profetas

Al llegar a la tierra Jesús se encontró que la ley de Moisés y los escritos de los profetas se había llenado de comentarios. En algunos casos esos comentarios habían tomado el lugar de los propios mandamientos y ordenanzas que Dios había dejado para su pueblo. Francamente había una distancia entre lo que Dios quería y lo que los hebreos hacían.

En no pocas ocasiones la tensión entre Cristo y los fariseos e intérpretes de la ley fue muy fuerte, pero Cristo nunca afirmó o llamó a hacer a un lado los escritos sagrados. A sus seguidores les dijo que él había venido a cumplirlos a o ponerlos por obra y no a cambiarlos o destruirlos.

B. No vino a abrogarlos o abolirlos

La palabra abrogar es un término jurídico que se refiere a la abolición, revocación y anulación de una ley, un código, reglamento o precepto. Cristo no vino a abrogar o abolir los mandamientos contenidos en los profetas y la ley.

Esta parte es muy importante comprenderla porque esa ley sigue vigente para los judíos. Los cristianos tenemos una fuente inagotable en el Antiguo Testamento para aprender a conocer la voluntad de Dios. El Antiguo Testamento contiene verdades morales que son muy útiles para la cristiandad.

Al cumplirlos Cristo hizo posible darles un sentido distinto para los apóstoles y discípulos, así como para los creyentes de todas las edades porque, entonces, las historias y mandamientos contenidos allí se pudieron ver desde otra perspectiva, desde la perspectiva de Cristo.

II. Todo se va a cumplir

Cristo les recordó que todo lo contenido en el Antiguo Testamento habría de cumplirse. Nada de lo allí revelado dejará de hacerse realidad. Los pactos y promesas de Dios tanto con el hombre como su pueblo Israel habrá de llevarse a cabo. Ninguna de sus palabras caerán a tierra, todo habrá de cumplirse.

A. Hasta que pasen el cielo y la tierra

Mientras exista el cielo y la tierra lo que dijo el Señor habrá de cumplirse. La fecha de caducidad de sus palabras tiene como fecha el día que este mundo se haga a un lado para dar paso a la nueva creación que Jesús prometió a sus seguidores, pero hasta entonces la palabra de Dios dejará de cumplirse.

La frase que usa Jesús es una frase que nos lleva a pensar que lo que el Señor ha dicho no es un juego o una fantasía sino una verdad que habrá de ocurrir hasta el día cuando este mundo se acabe.

B. Ni una jota ni una tilde pasará

En realidad la expresión jota debería ser yod que es la letra más pequeña de las consonantes hebreas y la tilde es una expresión para referirse a pequeños rasgos que se usaban sobre las letras para darle entonación y también eran pequeñas. La frase quiere decir que nada, aunque parezca insignificante dejará de tener cumplimiento.

III. Todos debemos cumplirlos

Los mandamientos del Señor son una demanda para todos. Nadie puede hacerse a un lado de ellos o nadie puede ignorarlos y pensar que por ello queda exento de cumplirlos. De ningún modo se puede hacer eso, pero en los tiempos de Jesús los fariseos enseñaban pero no hacían lo que enseñaban y por eso Jesús les dice lo que señala el versículo 19.

A. No hacerlo nos hace pequeños en el reino de los cielos

Algunas versiones más modernas utiliza la expresión “insignificante” en lugar de “nos hace pequeño” que le da más sentido al texto para entenderlo. Alguien que desobedece los mandamientos del Señor y así los enseña se convierte de inmediato en alguien insignificante en el reino de los cielos.

En otras palabras pierde su valor delante de Dios porque combina dos actitudes que Dios desprecia, primero la desobediencia y luego la hipocresía. Desobediencia porque desobedece mandamientos que considera pequeños e irrelevantes y luego porque los enseña como si los estuviera cumpliendo.

B. Hacerlo nos hace grandes en el reino de los cielos

En sentido contrario alguien que los pone por obra y así los enseña logra un lugar importante en el reino de los cielos porque conjuga dos de las virtudes que más aprecia Dios siempre: es obediente y sincero o íntegro delante de la presencia de Dios.

IV. Se debe cumplir más que los fariseos

Jesús remata su enseñanza con una advertencia que nos debe ocupar y preocupar: los discípulos debían de superar la piedad de los fariseos y escribas. La palabra justicia tiene la connotación de su vida piadosa y los discípulos deben ganarle a ellos a fin de cumplir con las demandas del reino de los cielos.

A. Con una justicia mayor

La piedad de los creyentes debe ser mayor que la de los fariseos. Cristo habla aquí de los justos y el cumplimiento de sus mandamientos, pero también de lo que él espera de sus seguidores en temas como la oración, el ayuno, las ofrendas, la ira y una serie de temas relacionados con la vida piadosa.

B. Para entrar al reino de los cielos

Este esfuerzo bien vale la pena porque tiene como galardón o premio que sus seguidores ingresen al reino de los cielos. Este es el texto que hila o conjunta todo el discurso del Sermón de la montaña. Entrar al reino de los cielos porque no todo el que me dice Señor, Señor, entrará, sino el que hace la voluntad del Padre.

De hecho al finalizar el discurso de Mateo capítulos 5-7 el ejemplo del hombre que oye y hace lo que Cristo es que su casa edificada sobre la roca no sufre ningún perjuicio, en cambio quien oye y no hace tiene «gran ruina».

El esfuerzo, entonces, tiene que ser más grande que el de los fariseos.

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