El precio de la libertad cristiana

Dice la Biblia en 1ª Corintios 7:23

«Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.»

Introducción

La celebración de la independencia de México nos lleva irremediablemente a pensar en la libertad. Hace más de 200 años México fue liberado de la colonia española. La fecha se recuerda precisamente hoy y sirve para pensar y reflexionar en la libertad cristiana, el bien más grande y sublime que Cristo entregó a la iglesia.

El cristiano fue llamado a una vida de libertad. El hombre quedó aprisionado por el pecado de Adán, pero en Cristo fue libertado. La libertad cristiana fue el regalo más grande que los seres humanos recibimos. Un regalo con un altísimo costo: la sangre del Cordero de Dios que fue inmolado en la cruz.

La libertad es un tema recurrente en la Escritura. El mejor ejemplo del empeño que Dios tiene de que sus hijos sean libres lo encontramos en la historia del Éxodo. Israel pasó 400 años como esclavo en Egipto y Dios los liberó usando de manera formidable a Moisés para lanzar las diez plagas contra los dioses egipcios.

Fue tan importante y relevante este suceso que muchos de los 613 mandamientos contenidos de los libros de Génesis a Deuteronomio encontramos una y otra vez la expresión “acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto”, que tenía como finalidad mantener a los hebreos pendientes de que fueron esclavos, pero que ahora ya no lo eran.

La libertad constituye el más grande bien al que los hombres puedan aspirar en el plano físico o natural, pero en el ámbito espiritual, la libertad es el único destino para el hijo de Dios, es el estado por excelencia para alcanzar los dones y virtudes que Dios ha diseñado para su vida.

Pero siempre habrá personas, circunstancias o situaciones que buscarán de modo alguno llevar a las personas al encarcelamiento de sus almas, a aprisionar su mente y su corazón y a encadenarlos a ideas y pensamientos que le hagan ver la libertad como una aspiración inalcanzable y no como algo que está a la mano de todo aquel que se acerca a Dios.

El precio de la libertad Cristiana

A. Fue costoso
B. Para no hacernos esclavos de los hombres

Fue una transacción costosa la libertad cristiana. Se pagó un precio tasado no en oro o plata, sino en la sangre de Cristo, es decir en su vida misma. Fue un precio muy alto porque posiblemente nuestros héroes murieron por sus ideales libertarios y por libertar físicamente a miles de desamparados, pero con Cristo la diferencia es muy grande.

Según nos explica Pablo en Romanos 5: 7-8 (Versión Traducción en lenguaje actual).

7 En realidad, no es fácil que alguien esté dispuesto a dar su vida por otra persona, aunque sea buena y honrada. Tal vez podríamos encontrar a alguien que diera su vida por alguna persona realmente buena. 8 Pero Dios nos demostró su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros, a pesar de que nosotros todavía éramos pecadores.

A. Fue costoso

La salvación es gratuita, en efecto, pero tuvo un precio y su precio fue muy alto. La palabra griega para “precio” es “timé” y que comunica la idea una transacción entre un comprador y un vendedor por algo sumamente valioso que tiene un costo muy elevado.

Esta verdad se ha tratado de explicar de las más diversas formas y maneras para que los creyentes puedan valorar el gran privilegio de la salvación y en consecuencia de la libertad cristiana.

Uno de los ejemplos es el de la historia de un vendedor de aves que lleva toda clase de pájaros en una jaula y se acerca a él un comprador que paga por el valor de todos ellos y una vez pagado, abre la jaula para que todas esas aves puedan volar en libertad. Las aves no hicieron nada por su libertad, todo lo hizo el comprador.

B. Para no hacernos esclavos de los hombres

Como se ha pagado un precio muy grande por nosotros es y será siempre inaceptable que nos convirtamos o volvamos esclavos de los hombres. La libertad ganada por Cristo es irrenunciable. No es negociable. Se debe ejercer y ejercitarse para beneficio del creyente y la iglesia.

¿Qué significa hacernos esclavos de los hombres? Simple. Que otros decidan por nuestra libertad. Que sean otros los que tomen decisiones por nosotros. Que otros impongan opiniones o criterios a nuestra existencia, pero en el ámbito espiritual significa dejar que otros dominen nuestra conciencia sin importar que lo que dice está o no en la palabra.

Pablo luchó incasablemente por la libertad de conciencia. Precisamente en la 1ª carta a los Corintios 8 escribió ampliamente sobre la libertad cristiana como un pilar de la nueva vida en Cristo.

Fuimos libertados no para hacernos esclavos de los hombres, sino para con sinceridad servir a Cristo con todo nuestro corazón. El hijo de Dios fue libertado de las cadenas que lo oprimían para adorar a su Creador para siempre.

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