Adoración en comunidad

Dice la Biblia en Salmos 149: 1

“Cantad a Jehová cántico nuevo; su alabanza sea en la congregación de los santos.”

La versión Biblia de nuestro pueblo traduce así este verso: “Aleluya! Canten al Señor un canto nuevo, su alabanza en la asamblea de los fieles.” La versión Dios Habla Hoy lo hace así: “¡Aleluya!Canten al Señor un canto nuevo;alábenlo en la comunidad de los fieles.”

En tanto que la versión Traducción al lenguaje actual lo hace de la siguiente forma: ¡Alabemos a nuestro Dios! ¡Alabémoslo todos juntos, pues somos su pueblo fiel! ¡Cantémosle un cántico nuevo! Y la Nueva Versión Internacional lo hace así: “¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!Canten al Señorun cántico nuevo, alábenlo en la comunidad de los fieles.”

Sobresalen dos ideas en este texto de convocación pública para alabar al Señor: 1. Cantarle a Dios un cántico nuevo y 2. Hacerlo en comunidad, en una congregación, en una asamblea y en medio de un pueblo, es decir en medio de mucha gente o si se quiere acompañado de muchas personas.

El libro de los Salmos es profuso a la hora de invitar a adorar a Dios. El llamado para hacerlo no tiene horario ni lugar, ni estado de animo, ni circunstancias. Siempre será bueno y siempre será oportuno alabar al Señor independientemente de lo que ocurre en torno nuestro bueno o malo.

En el texto de hoy sobresale la petición de cantarle a Dios un cántico nuevo. En otros salmos encontramos esta petición que tiene la idea de elevar una alabanza distinta ante nuestro bendito Creador. Un canto que no hayamos entonado nunca, nacido de un corazón profundamente agradecido.

Este ejercicio le da vitalidad a nuestra alabanza. Nos hace esforzarnos para traer a nuestra mente y a nuestro corazón todas las bondades que Dios ha tenido para con nosotros, sin olvidar absolutamente ninguna. Y luego convertirla en una canción para nuestro buen Señor.

La segunda idea de este verso es que se nos llama a reunirnos en comunidad o con otras personas para adorarle. Hay un interés sumamente grande de Dios de juntar a sus hijos para que lo alaben y lo adoren juntos. Vemos en Dios el deseo profundo de vernos unidos a la hora de bendecirlo.

Algo bueno encuentra Dios al invitarnos a juntarnos para exaltarlo congregados en torno suyo, instalados como una comunidad de adoradores y como pueblo suyo y ovejas de su prado.

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