La persecución fractura a las familias

Dice la Biblia en Mateo 10: 21

“El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir.”

A lo largo de los siglos la persecución religiosa ha sido feroz. El cristianismo primitivo la sufrió y miles de seres inocentes fueron asesinados violenta y salvajemente como espectáculo en el circo romano a donde fueron conducidos para ser martirizados por sus creencias.

Y así, a lo largo de la historia del cristianismo ha habido tiempos en los que la intolerancia religiosa alcanza grados insospechados de maldad y agresividad contra los creyentes en Jesucristo. El tiempo de la reforma protestante también fue una época de mucha persecución.

El santo oficio o la llamada Inquisición son testimonio de las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por el catolicismo romano contra lo que ellos llamaban herejes o todos aquellos que eran acusados de profesar otra clase de fe. La tortura o los inhumanos castigos a los que sometían a los pobres seres que caían en sus manos son verdaderamente nacidos de una mente alimentada desde el infierno mismo.

Muchas veces a los perseguidores de creyentes no les importó matar seres inocentes, pero cuando no querían errar, obligaban a conocidos, amigos y parientes a “denunciar” o delatar a quienes ellos consideraban creyentes y ocurrió lo que muchos siglos antes anunció Jesucristo: hubo entregadores entre las propias familias.

Y así ha sido desde hace mucho tiempo y sin duda alguna, así será en el futuro: para evitar el sufrimiento o la muerte mucho optarán por traicionar a su propia familia. Los lazos sanguíneos se romperán para dar paso a una egoísta e individualista manera de pensar y obrar en su existencia.

La presión de la persecución fracturará a las familias. El peligro de la muerte provocará traiciones en el seno familiar. Que Dios nos guarde y nos de fuerzas para no caer en semejante condición. Las palabras de Jesús fueron dichas justamente para advertirnos de los grandes riesgos que implica la piedad que practicamos en su nombre.

Aunque en sentido estricto las palabras que dirige a sus discípulos son para lo hebreos que han sufrido persecución a lo largo de todos los siglos; el Holocausto alemán, es el ejemplo más acabado de esta situación, sus advertencias nos sirven a todos para recordar que la persecución puede afectar severamente a la familia.

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