Gratitud por la salvación

Dice la Biblia en 1ª Carta a los Tesalonicenses 2: 13

“…debemos dar gracias siempre a Dios…de que… os haya elegido desde el principio para salvación…”.

Cuando Cristo vuelva la mentira estará diseminada y creída en todo el mundo. Muchas personas pensarán que sus convicciones apartadas de la Escritura serán suficientes para librar el juicio final que se avecina sobre esta humanidad. La falsedad gobernará completamente este mundo y la recompensa por creerla será para muchos la perdición.

Esa es la razón por la que el apóstol Pablo pide a los creyentes agradecer a Dios haber sido librados de esta clase de error, por el hecho de que Dios los escogió desde el principio para salvación. Los hijos de Dios se salvarán de creer los engaños del hombre de pecado y lograrán evitar el juicio final.

Es inquietante pero reconfortante para nosotros la expresión “desde el principio”. La elección que Dios hizo de los creyentes fue desde el principio, pero el principio de qué, es la pregunta lógica que se desprende de estas palabras escritas por el apóstol Pablo a los tesalonicenses.

Tanto en Génesis y el evangelio de Juan, encontramos la expresión “en el principio”. Génesis dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” y Juan dice: “En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios.” Y Pablo se refiere a ese principio cuando no existía nada todavía. Cada uno de nosotros fue apartado desde ese momento para la salvación.

Y esa es la gran garantía de que a la aparición del hombre inicuo el pueblo de Dios escogido por el mismo estará blindado y será preservado para no creer ni en las mentiras, ni en los engaños que traerá consigo este personaje, que aparecerá justo al fina de los tiempos solo para engatusar a quienes rechazaron la verdad.

El corazón de los hijos de Dios debe llenarse de gratitud porque su vida fue planeada por Dios antes de la fundación del mundo. Mucho antes de que existiera el mundo, en el corazón del Señor su vida ya estaba contemplada y su vida estaba destinada para ser salvada por la gracia de Jesucristo.

Su gracia irresistible nos alcanzó y pudimos decir como Isaías dijo cuando Dios lo llamó a servirle: “Heme aquí, envíame a mí.”

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