El cómplice del ladrón

Dice la Biblia en Proverbios 29: 24 “El cómplice del ladrón aborrece su propia alma; pues oye la imprecación y no dice nada.”

La Traducción al lenguaje actual de la Biblia presenta este texto así: “Si te juntas con ladrones no aprecias en nada tu vida; pues cuando ellos sean acusados no podrás negar que eres culpable.” La Nueva traducción viviente lo hace así: “Si ayudas a un ladrón, solo te perjudicas a ti mismo; juras decir verdad, pero no testificarás.”

La versión Dios Habla Hoy traduce el texto así: “El cómplice del ladrón es enemigo de sí mismo, pues aunque oye maldiciones no confiesa.” En tanto que la Nueva Versión Internacional presenta el texto de la siguiente forma: “El cómplice del ladrón atenta contra sí mismo; aunque este bajo juramente no testificará”.

Este verso habla de los cómplices de los ladrones. De aquellos que en lugar de señalar o denunciar a los que sustraen el patrimonio de las personas convalidan o incluso apoyan ese tipo de acciones. El sabio Salomón señala con toda claridad a quienes ayudan, apoyan o hacen como que no ven a quienes se dedican a robar a su prójimo.

Para esta clase de personas hay dos problemas o dos grandes males para su existencia: 1. No aprecian en nada su vida y 2. Resultan igual de culpables que quienes sustraen los bienes de sus semejantes. La razón de estas advertencias lo encontramos en que Dios prohíbe el robo en sus diez mandamientos. “No robarás”, dice categórico.

Robar es una de las acciones más perniciosas que hay en la vida porque se trastoca el principio de respetar la propiedad y los bienes de nuestro prójimo. Siempre hay que aclarar que aunque iguales el robo y el hurto son distintos en su ejecución. El robo es aquel que se lleva a cabo frente al propietario de la cosa y el hurto es el que se hace en ausencia del dueño.

El cómplice del ladrón “no aprecia en nada su vida”, “se perjudica así mismo”, “es enemigo de sí mismo” y “atenta contra sí mismo” según señalan las versiones de ese texto citadas párrafos arriba. No es cosa menor convalidar el robo. Es una enorme equivocación porque termina dañando gravemente a quienes lo hacen.

Su omisión los hace responsables, aun cuando ellos no han ejecutado la acción, son culpables por no señalar la mala acción de los ladrones. Al final de cuentas serán llevados a juicio y no podrán alegar absolutamente nada en su defensa porque en lugar de denunciar esta acción la solaparon porque con ella recibieron beneficios.

 

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