La urgencia de guardar la palabra de Dios

Dice la Biblia en Salmos 119: 145

“Clamé con todo mi corazón; respóndeme, Jehová, y guardaré tus estatutos.”

La versión Dios Habla Hoy traduce este versículo de la siguiente forma: “Señor, te llamo con todo el corazón; ¡respóndeme, pues quiero cumplir tus leyes!”, que nos ayuda a entender la razón del clamor del salmista ante Dios y su urgencia porque Dios le responda a los gritos con los que lo invoca.

Hay una profunda desesperación por guardar los estatutos del Señor. El autor de este verso tiene una gran necesidad de cumplir con la voluntad de Dios, pero enfrenta los grandes tres enemigos de la palabra del Señor que son: 1. El maligno que le gusta arrebatarla cuando recién se ha sembrado. 2. La aflicción o la persecución, que desanima y desalienta.

También 3. El afán de este siglo y el engaño de las riquezas que nos alejan de la Escritura de una manera mentirosa.

Ante esta clase de enemigos del estudio y la meditación de la palabra de Dios no tenemos otra alternativa que clamar a Dios, la palabra clamar se traduce como alzar la voz o prorrumpir con gritos, y como no, si estos enemigos tienen como determinación alejarnos lo más distante de la revelación divina.

El salmista se dirige a Dios pidiéndole que le responda en su lucha por obedecerlo. La Escritura tiene enemigos naturales y sobrenaturales y quien decide tomar la palabra de Dios como regla de vida se encuentra con esos mismos enemigos que procurarán por todas formas alejarlo de lo que el Señor mandata.

Debemos, entonces, invocar con todo nuestro ser al Señor para salir vencedores a la hora de pelear por mantenernos firmes en la decisión de leer, estudiar y meditar la bendita palabra de Dios que tiene poder para edificarnos y darnos herencia con todos los santos de todos los tiempos.

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