Meditar de madrugada

Dice la Biblia en Salmos 119: 148 “Se anticiparon mis ojos a la vigilias de la noche, para meditar en tus mandamientos.”

Los judíos dividen sus noches en cuatro vigilias. La primera de seis de la tarde a nueve de la noche. La segunda de nueve de la noche a la media noche. La tercera de la media noche a las tres de la mañana y la cuarta de tres de la mañana a seis de la mañana. Las vigilias son medidas de tiempo para la noche.

El Tehilim hebreo traduce este verso así: “Mis ojos se anticiparon al alba para meditar en tus dichos.” El autor de este verso se adelanto a la cuarta vigilia la que corre de las tres de la mañana a las seis de la mañana que es la que permite anticiparse al alba para dedicarse a meditar la palabra de Dios.

La palabra meditar que se usa en este verso es “lasiaj” que procede de la raíz hebrea “siach” que se traduce en la versión Reina Valera 1960 como meditar, pero que también en otras porciones de la Escritura se traduce como “hablar”. Luego entonces el texto puede entenderse como anticiparse al alba para hablar o declarar los mandamientos de Dios.

El salmista resalta el esfuerzo para derrotar lo placentero que resulta dormir y dedicarse a meditar o declarar la palabra de Dios. El poder que tiene esta actividad es precisado por los hebreos de una manera ingeniosa a través de uno de los 32 métodos que ellos tienen para interpretar la Escritura.

Cito aquí un comentario sobre Génesis 14: 14 que se hace usando la gematría que es un sistema numerológico por el cual las letras hebreas corresponden a número. Es un sistema estrictamente judío, que el cristianismo no utiliza, pero que resulta interesante cuando se trata de explicar este texto del salmo 119.

“Un ejemplo famoso de gematria se encuentra en la interpretación de Génesis 14:14, que aparece en la Baraita de las Treinta y dos Reglas y en otras referencias talmúdicas y del Midrashic. 

“Este versículo menciona a los 318 hombres que conformaban la casa de Abram (más adelante en Génesis, Dios cambia el nombre de Abram a Abraham), a quien llevó consigo para derrotar a los ejércitos que recientemente habían atacado a su pariente. El equivalente numérico del nombre «Eliezer» (el sirviente de Abram) es 318.

Por lo tanto, el texto sugiere que, de hecho, solo fue Eliezer quien vino con Abram, no todos los 318 hombres. Un texto jasídico, el Kedushat Levi, usa la gematria para sacar conclusiones adicionales de este versículo. Este texto observa que el valor numérico de la palabra «siach» (hebreo para hablar o conversar) es 318. Por lo tanto, el texto sostiene que fue a través del poder de hablar el santo nombre de Dios que Abram derrotó a sus enemigos.

Así entendido, el poder de la oración no está tanto en hacerlo en la madrugada, sino en declarar el santo nombre de Dios contenido en sus mandamientos. Sin embargo eso jamás demeritará hacerlo de madrugada, al contrario meditar o hablar la palabra de Dios como primer acto del día constituye la mejor manera de expresar donde están nuestras prioridades.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: