Privilegios demandan responsabilidad

Dice la Biblia en Judas 1: 5

“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo, sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.”

Los judíos que salieron en Egipto tuvieron el enorme privilegio de ver de cerca y en primera fila las diez plagas que azotaron a los egipcios mientras ellos eran resguardados por Dios de una manera milagrosa. Luego en el desierto experimentaron una nube que los protegía del sol en el día y una columna de fuego que iluminaba su peregrinar en la noche.

Vieron el poder de Dios en todo su esplendor. No les contaron, tampoco les comentaron; no, ellos vieron de manera directa y palpable como Dios los protegía de una manera sobrenatural, pero tristemente eso fue insuficiente para acrecentar su fe o por lo menos para que pudieran confiar en Dios.

Cuando Judas escribe su carta para denunciar a los falsos maestros que han entrado encubiertamente en la iglesia, el primer recordatorio que hace para saber lo que les espera a esta clase de personas es justamente la historia del pueblo de Israel que salió de Egipto. Conocieron al Señor, vieron su poder, pero fueron incapaces de mantenerse fieles.

Es muy fuerte el ejemplo, muy duro y muy terrorífico porque es la muerte de miles de judíos en el trayecto de Egipto a la tierra prometida. Un recorrido que pudo haberse hecho en unos ocho días, tardó cuarenta largos años. Lo que nos enseña que tener privilegios implica responsabilidades.

Si se descuidan las responsabilidades, se pierden los privilegios y en el caso de la historia de Israel la lección es muy dura: murieron en el desierto. De esa misma manera ocurrirá a los falsos maestros y a todos aquellos que se aparten de la gracia del Señor, les espera únicamente la muerte.

Judas nos recuerda que Dios disciplina severamente a quienes se apartan de sus caminos. Dios sanciona la conducta rebelde, sacude a aquellos que olvidan que todo lo que son o todo lo que tienen lo deben a Dios. Nadie podrá nunca abandonar los santos caminos de Dios y esperar que le vaya bien.

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