La palabra de Dios reanima

Dice la Biblia en Salmos 119: 149 “Oye mi voz conforme a tu misericordia; oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio.”

El salmista que escribió este verso tiene una profunda convicción en medio de las adversidades que enfrenta: Dios es el único que lo puede reanimar o darle vida como algunas versiones de la Escritura traduce la expresión “vivifícame”. El salmista necesita y requiere nuevo ánimo.

El salmista sabe y entiende que la palabra de Dios tiene esa gran virtud: renovar fuerzas, devolver el aliento cuando la tribulación ha provocado desánimo o desinterés por la propia Escritura. Y es que en medio de las dificultades que se presentan en la vida, el consuelo y la fortaleza que emanan de la Biblia son únicas e inigualables.

Los grandes hombres de Dios vivieron en carne propia el desaliento: Elías, por ejemplo, padeció de Jezabel una terrible persecución por predicar la verdad, Jeremías, el profeta, sufrió en carne propia el desasosiego que proviene de enfrentar la maldad y los malvados, pero encontró siempre en la palabra de Dios la fortaleza, el refugio y el ánimo.

De hecho, Jeremías que enfrentó reyes judíos muy paganos, escribió sobre su experiencia con la palabra de Dios. Él dejó escrito: Fueron halladas tus palabras y yo las comí y me fueron por gozo y alegría porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová de los ejércitos. Y ni que decir de David que perseguido por Saúl encontró en la palabra alivio y fortaleza.

La palabra de Dios tiene esa virtud y ese poder: regresarnos el entusiasmo, devolvernos el gozo para seguir adelante, amparados en sus promesas y contagiados con el mismo espíritu de todos aquellos hombres que a lo largo de las páginas de la Escritura encontramos como ejemplo de ímpetu y dedicación.

El salmista se acerca a Dios para encontrar en su presencia la palabra que de nueva cuenta motive su alma, el pasaje de la Escritura que encienda su pasión por leer, estudiar y meditar en los santos mandamientos de Dios. Nada más reconfortante en esta vida que descansar en las promesas de la Biblia.

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