El agua viva

Dice la Biblia en Juan 4: 10

“…tú le pedirías, y él te daría agua viva.”

La samaritana vivía insatisfecha. Buscaba algo en la vida, pero ella misma no sabía lo que buscaba. Ese es el problema de la insatisfacción. Crea un vacío en el alma que hace que las personas busquen aquí y allá algo que les llene o satisfaga. Al no encontrarlo esa profunda necesidad interna se suple con lo que sea.

La samaritana buscaba amor. Había tenido cinco maridos o cinco relaciones amorosas y cuando Cristo la encontró en Samaria estaba en su sexta relación. Todo un récord. Ella, como muchos seres humanos buscaba y buscaba algo que llenará su existencia. Ella lo buscaba en sus relaciones de pareja. Otros lo buscan en el alcohol, el sexo o el dinero.

En su diálogo con Cristo está mujer es llevada de manera delicada a la raíz de su insatisfacción. Cristo lo hace de una manera muy ingeniosa. Le pide agua. Una solicitud desproporcionada para ella porque él era judío y ella samaritana. Además ella era mujer, una condición social que la ponía en una situación precaria.

A cambio de esa agua que Jesús solicita, él le ofrece el “agua viva”. El agua que calma la sed del alma o la bebida que calma la insatisfacción y la desaparece por completo. La samaritana estaba por fin delante de quien podía terminar de tajo con su búsqueda. Estaba frente no a quien tenía el agua viva, sino justamente ante quien es el agua viva.

Por fin terminaría su búsqueda, por fin concluiría su deambular por el mundo tratando de encontrar aquello que pudiera apagar la sed que la consumía, sin embargo a pesar de estar tan cerca su racionalidad le complicó momentáneamente aceptar esta gran verdad. Cuando Cristo le ofreció agua ella pensó en la que estaba en el pozo, pero Jesús hablaba de la otra.

El Señor hablaba de aquella agua que sacia al sediento del alma y nunca más vuelve a tener sed. Esa es el agua que hace que las personas siempre se sientan satisfechas y sin necesidad de recurrir a nada más que Cristo para llenar el vacío de su corazón. En realidad a la samaritana Cristo le ofreció el agua que sólo Él puede dar.

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