La causa del evangelio que todos deben apoyar

Dice la Biblia en Mateo 10: 42

“Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.”

Un vaso de agua fría que parece tan insignificante también será recompensado por Cristo a aquellos que mirando la necesidad de sus semejantes tuvieron empatía con ellos y fueron solidarios con sus necesidades. El principio que enseña este texto es sencillo: todo lo que se haga por los discípulos será retribuido.

La idea es que los seguidores de Cristo entienda que nada de lo que se hace por los demás dejará de tener un premio para alentarlos a las buenas obras, para animarlos a deshacerse del egoísmo y dejar de pensar solo en ellos mismos y miren más allá de sus propias necesidades para compartir con los menesterosos.

En sentido estricto, Cristo está diciendo que serán premiados todos aquellos que ayuden a los promotores del evangelio, pero en un sentido amplio el Señor está diciendo que lo que se haga a favor de los necesitados siempre tendrá el beneplácito del Creador que retribuirá exactamente igual a quien ayuda a su semejante.

Es interesante el adjetivo que emplea para referirse a los que van a recibir la ayuda. Los llama “pequeñitos”. Lo hace para resaltar su condición y comprender que necesitan ser ayudados porque su situación les imposibilita salir adelante por sí mismos. Verlos de esa manera cambia profundamente nuestra perspectiva.

Nadie dejará de tener su galardón si hace algo por los demás. Habrán de recibir su pago los que ayudan a sus semejante partiendo desde un vaso de agua hasta el más grande apoyo. Nadie debe perder de vista esta situación para contribuir con la causa del evangelio que al final de cuentas no es la obra de ninguna persona sino de Dios mismo.

Apoyar con sus recursos materiales y económicos la obra de Dios tendrá siempre una recompensa que Dios promete a todos sus seguidores.

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