Envidiar a los pecadores nos aleja del temor de Dios

Dice la Biblia en Proverbios 23: 17

“No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo.”

La experiencia de muchos santos en el Antiguo Testamento y también en el Nuevo Testamento y a lo largo de la historia fue y ha sido y, creo, será fijar un poco más la mirada en los pecadores que aparentemente viven sin congojas o tribulaciones y desear una vida parecida a la de ellos.

Y es que de pronto la vida de quienes viven sin temor de Dios parece tan sin problemas, imaginamos que ellos carecen de dificultades y son tan felices, pero en realidad esa es una gran apariencia porque jamás un hombre o una mujer sin temor de Dios puede vivir con paz o con alegría verdadera.

El problema de envidiar a los pecadores se agrava cuando convivimos con ellos y conocemos de primera mano como viven ellos, sus deleites y sus pasatiempos, sus posesiones y sus privilegios que nos hacen tambalear porque también en apariencia nosotros vivimos con “muchas carencias”.

El proverbista reconoce que este es un problema fuerte. De hecho Asaf escribe al respecto: “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos.”

La palabra envidia que utiliza este verso es interesante. Procede del hebreo “qanah” que se traduce como poseer, adquirir o comprar. Podríamos decir que el proverbista nos pide no comprar o adquirir la vida que parece tan feliz de los pecadores porque es un engaño o si se quiere un producto “chatarra” que no satisface y si perjudica.

Por el contrario, nos pide que preservemos en el temor de Dios en todo tiempo, es decir no de dejar de honrar y respetar a Dios siempre porque esa actitud nos traerá paz y amor verdaderos a nuestra vida.

El engaño de la vida de los pecadores siempre termina en tragedia para nuestras almas, pero la verdad del temor de Dios siempre concluye en bendición y vida abundante para quienes no sucumben ante la “glamurosa” vida de los pecadores que a veces nos exhiben su “feliz existencia” aunque en realidad vivan un infierno.

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