Engrandecimiento de Dios

Dice la Biblia en Éxodo 15: 21

“Y María les respondía: Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido; ha echado en el mar al caballo y al jinete.”

La derrota completa de Faraón y su destrucción en el Mar Rojo hizo que María, la hermana de Moisés y Aarón, prorrumpiera en alabanza y adoración en medio del pueblo de Israel que atónito y estupefacto contempló como el Señor se deshizo de uno de los más grandes enemigos de su nación.

Moisés había entonado ya lo que conocemos como el cántico de Moisés y su hermana no se quería quedar atrás. Contagiada del gozo que experimentó su familiar, esta mujer tomó el pandero y junto con otras muchas mujeres danzó en ese lugar donde contemplaron como la mano de Dios puede librar a su pueblo.

El prodigio del Mar Rojo dejó a todos completamente sorprendidos. Cuando parecía que la liberación de Egipto había sido solo una ilusión, Dios vino a confirmarles que ni Faraón, ni nadie habría de impedir el plan perfecto que tenía para su pueblo. Si era necesario que el mar se abriera, así lo haría.

Por eso las palabras de María: “en extremo se ha engrandecido” tienen como finalidad resaltar que Dios tiene muchas maneras de rescatar a sus hijos cuando están en peligro, tiene diversos recursos para mostrar su inmenso poder sobre todo lo creado, cuando de defender a su pueblo se trata.

Israel había presenciado allí en el Mar Rojo la expresión de un Dios fuerte, celoso y poderoso y María dejó para siempre su testimonio de haberse alegrado y regocijado con todos los que pudieron comprobar que el Señor gobierna su creación con una perfección infinita y que los mares le obedecen.

Los portentos de Dios merecen recordarse y celebrarse. Son dignos siempre de publicarse y proclamarse, sin distinción de ninguna índole: todos estamos convocados a regocijarnos por lo que Dios hizo, hace y hará.

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