Un Dios que deslumbra

Dice la Biblia en Salmos 104:1

«1Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia.«

La admiración es una constante en muchos de los Salmos. Nadie ha alcanzado expresarse con tanta originalidad y precisión sobre la creación divina como sus redactores. Y estamos hablando de un tiempo en el que la revolución tecnológica era aún algo muy distante. 

Los hombres de aquella época divisaban el mundo de una forma mucho más rudimentaria, no había satélites, ni cámaras fotográficas y sin embargo, apreciaban todo lo creado por Dios de una forma muy especial y eso los llenaba de agradecimiento y de motivos para adorar a nuestro Señor. 

El salmista, es fundamentalmente, un hombre deslumbrado por Dios, por un Dios que se percibe en los amplios cielos y en los ríos, montañas y árboles, en el amanecer y el atardecer. Y es que el asombro, en el fondo, es un desprendimiento, es alejarse del egoísmo y de la autosuficiencia. 

Y para ser capaces de admirarnos de todo lo que el Creador ha hecho para nosotros es necesaria una auténtica comunión con Él. Sólo así seremos capaces de verlo en el vaivén del viento, en el canto de las aves, en la inmensidad del mar, en la lluvia y las estrellas. 

Acudamos pues a su encuentro, observemos atentamente todo lo que ha hecho para dejar testimonio de su grandeza y poder. 

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