Incongruencia

Dice la Biblia en Jeremías 2: 11

“Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses? Sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha.”

Jeremías vivió antes, durante y después del exilio de Israel de Jerusalén luego de la destrucción provocada por Nabucodonosor. Por muchos años predicó, profetizó, anunció, denunció y señaló la nefasta conducta del pueblo hebreo asentado en la ciudad de David y que no escarmentó con el castigo que Dios infringió a las diez tribus de Israel que fueron llevadas cautivas a Asiria.

Al reprender la pecaminosidad del pueblo de Dios, Jeremías hace un razonamiento a modo de pregunta demoledora para sus paisanos con una respuesta única y contundente: Ninguna nación vecina había dejado a sus dioses de muto propio o de manera voluntaria. Los cananeos eran inmensamente fieles a astarte, los baales, moloc y asera, por citar algunos.

Era sorprendente e inaceptable que los judíos que tenían el Dios verdadero se hayan alejado de su Señor. El Señor que los saco de la tierra de Egipto. El Señor que los introdujo a la tierra que fluye leche y miel. El Señor que los sustento por 40 anos en el desierto. Su Creador y sustentador fue abandonado.

Jeremías cuestiona a su pueblo por lo absurdo de su conducta. La actitud del pueblo judío era temeraria e irrespetuosa. Habían dejado a su Señor y se habían vuelto infieles y puestos ante el espejo de las naciones vecinas resultaban unos verdaderos ingratos e insensatos al dejar al único Dios veraz en este mundo.

La intención de Jeremías era hacerles ver su obstinación, también era presentarlos como unos incongruentes. Incongruentes porque si los pueblos que seguían dioses que no eran dioses, por que ellos dejaba a Jehová y se encaminaban a vivir sin su Señor que era y es un Dios vivo y verdadero.

Si hay alguna demanda o exigencia de Dios para sus hijos de todos los tiempos es ser congruentes con lo que dicen y hacen. Un creyente que abandona su fe o renuncia a seguir caminando con el Señor se vuelve un ser lleno de incongruencia porque dimite a seguir la verdad para encaminarse en la senda de la mentira.

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