Dios gobierna el mundo

Dice la Biblia en Daniel 4: 37

“…alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos…”.

Nabucodonosor es el que hace esta oración. Nabucodonosor, quien sin saberlo fue usado por Dios para disciplinar los judíos de Jerusalén, fue grandemente humillado por ese mismo Dios y aunque no modificó su estilo de vida, logró comprender la naturaleza de Dios frente a los poderosos que se sienten soberbios y se comportan como si él no existiera.

El constructor de los jardines colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas que conmocionó al historiador griego Herodoto, recibió una fuerte reprimenda por sentirse superior a los demás y al propio Dios por lo que había logrado merced a su fuerza y violenta vida.

De una repentina esquizofrenia que vino de quien sabe donde a su vida y que duró bastante tiempo, el monarca del medio oriente fue utilizado como ejemplo del poder de Dios donde pareciera que su mano no tiene control: el poder humano de los gobernantes que se sienten dueños de la vida de las personas.

Fue justamente a este rey con quien el Señor resaltó una y otra vez que el domina los tiempos y las edades, que Él pone y quita reyes o en palabras sencillas que el controla y domina absolutamente el poder humano y lo entrega a quien le place y se lo arrebata justo cuando también así le place.

Este hombre reconoció después de una enfermedad mental que lo convirtió casi en un animal que todo el poder que un hombre puede acumular procede de Dios y que quienes detentan la capacidad de gobernar a sus semejantes son en realidad simples servidores de un ser que gobierna desde hace siglos este mundo.

Lo alabó, lo engrandeció y glorificó por varias razones, pero esencialmente porque sus obras son verdaderas, es decir porque lo que hace Dios es cierto y nada de mentira o vanidad hay en ello y reconoció también que sus caminos son justos, apelando a la justicia impecable e implacable del Creador.

La historia de Nabucodonosor es la historia ilustrada del gobierno de Dios por encima de los gobiernos humanos. El da poder a unos seres humanos, pero también lo arrebata. Solo cumplen su propósito y si se humillan ante él reciben reconocimiento, pero si se llenan de soberbia se convierten en tamo que arrebata el viento.

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