El Padre de las luces

Dice la Biblia en Santiago 1: 17

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces…”.

La relación con mi padre fue muy difícil y complicada cuando fui niño y adolescente. En esas etapas de mi vida me resultaba difícil entender porque con mis otros hermanos su trato era tan distinto. Carecí de un papá cercano y era más bien distante de mí. Hasta ahora sé la razón de su frialdad conmigo. No le reproché nunca nada, ni le reprochó ahora. Ya no está.

Llegué a Cristo a los 17 años o más bien Cristo llegó a mí a esa edad y todas las carencias afectivas que había en mí se disiparon. Conocí entonces al Padre de las luces. Que me adoptó y se convirtió en mi consejero, en mi guía. Dios fue ese padre que no tuve y vaya que clase de padre tuve y tengo. Ha dirigido mi vida, a pesar de mis rebeldías.

Me enseñó a entender la actitud de mi padre terrenal y sobre todo me enseñó a amarlo. De hecho fui su pastor durante sus últimos meses de vida sobre esta tierra. El Padre de las luces iluminó mi vida y mi corazón y me dio el regalo más maravilloso que puedo tener en esta existencia: llevar a mi papá natural a los pies de Cristo.

El trayecto no estuvo exento de lagrimas y dolor, pero finalmente he comprendido que los obsequios más grandes que Dios nos puede dar no necesariamente se miden por su valor o lo costoso o impresionantes que puedan ser, sino por el impacto que tienen en nuestro corazón.

Santiago les escribió a los hebreos dispersos en el primer siglo de la era cristiana para recordarles que en medio de las más terribles adversidades que pudieran venir sobre su vida, nunca deberían olvidar que Dios era su Padre. Un padre que jamás olvida y que siempre está al pendiente de las necesidades de sus hijos.

Les recordó y nos recuerda a nosotros que en Dios tenemos o podemos tener, si nos acercamos a su gracia, un Padre de las luces. Me gusta mucho que Santiago defina o nos revele un ser asociado con la luz o con las luces. Porque implica que tenemos un Dios que ilumina, que alumbra las densas tinieblas que encontramos en la vida.

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