Lo “ilógico” de Dios

Dice la Biblia en Jeremías 38: 2 “…El que se quedaré en esta ciudad morirá  a espada, o de hambre, o de pestilencia; más el que pasaré a los caldeos vivirá, pues su vida le será por botín…”.

El profeta Jeremías vivió tiempos convulsionados y tiempos de guerra en Jerusalén. Las palabras que dirigió a los judíos ante la inminente ocupación babilónica de Jerusalén fueron tomadas como una traición a su patria porque los invitaba a rendirse o no presentar resistencia. Los nacionalistas hebreos lo consideraron una grave afrenta contra la nación.

El patriotismo  de algunos israelitas los llevó a pensar que el profeta se extralimitó al invitar a sus paisanos a claudicar, a no pelear, pero en realidad la única intención que él tenía era salvar la vida de muchos de sus compatriotas porque la superioridad de los caldeos era infinita, pero sobre todo porque el juicio de Dios había llegado.  

Había solo dos opciones en esos momentos: El cautiverio o la muerte. Jeremías quería salvar a muchos y la única manera de lograrlo era rendirse. Dios lo envió con ese mensaje, pero los gobernantes de Jerusalén no pudieron entender y lo acusaron de traidor y de apocar el ánimo del pueblo. Fue a parar a la cárcel. En una pestilente cisterna de cieno.

Algunos judíos le hicieron caso y salvaron su vida. Muchos no le creyeron y murieron de manera violenta a manos de los crueles caldeos que tomaron Jerusalén y la pasaron a fuego. La ciudad quedó desolada con muchos muertos que pudieron haber salvado su existencia si tan solo hubieran oído al profeta de Dios.

Lo que parecía una contradicción se convirtió en una realidad. Era contradictorio que para salvar la vida se pasaran con los caldeos. Parecía más lógico mantenerse en su tierra y pelear, pero la realidad se impuso y salvaron su vida quienes se arriesgaron a atender las palabras de Jeremías, que en realidad eran las palabras de Dios.

El texto de hoy nos enseña que debemos escuchar a Dios aun cuando lo que nos indique o pida parezca “descabellado”. Aun cuando sus mandamientos parezcan ilógicos o fuera de toda razón, él siempre sabe lo que hace y lo que dice. Debemos recordar que él siempre es más sabio que nosotros.

Es posible que se nos acuse de estar trastornados, pero el tiempo siempre nos dará la razón y pondrá a todos en su lugar de idéntica manera como el tiempo le dio la razón a Jeremías en todo cuanto dijo.

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