Corazones firmes

Dice la Biblia en 1ª Tesalonicenses 3: 13

“para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios, nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor…”.

El apóstol Pablo le escribe a sus amigos de la iglesia de Tesalónica, una congregación que fundó durante su segundo viaje misionero. Les escribe preocupado porque algunos los han inquietado diciéndoles que los sufrimientos de la vida cristiana no forman parte de la gracia que les fue impartida en Jesucristo.

De por sí cuando pasamos dificultades y problemas resulta difícil creer que Dios está con nosotros, si todavía le agregamos escuchar personas que nos dicen que eso no forma parte de la voluntad de Dios, la confusión puede resultar compleja y hasta dañina para la vida del hijo de Dios.

Pablo desea que el corazón de los tesalonicenses sea afirmado porque un corazón que divaga es como un barco sin rumbo en medio de un gran océano. Un corazón que carece de firmeza es un corazón que puede ser llevado por todo viento de doctrina o por toda clase de error y eso puede resultar peligroso.

El apóstol quiere que sus amigos se mantenga firme en la decisión de vivir en santidad o apartados del mal para dedicarse al servicio de Dios porque sabe que un corazón sin firmeza es muy propenso a pecar o a dejarse arrastrar por las turbulentas aguas de la indiferencia espiritual.

Y esa situación no es conveniente ante el regreso de Cristo porque ante el Señor nos debemos presentar irreprensibles, es decir, sin nada que se nos reproche, para recibir al Señor con todo nuestro corazón. Un corazón firme es la mejor manera de recibir a nuestro Salvador.

Los pusilánimes e inconstantes son lo opuesto a los creyentes convencidos y comprometidos con su fe. Pablo desea que sus amigos estén tan firmes que nada ni nadie los mueva de lo que han creído. Pablo quiere ver a los tesalonicenses y a todos nosotros con un corazón firme.

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