Los descarriados

Dice la Biblia en Mateo 18: 12

“…Si un hombre tiene cien ovejas y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?”.

Las ilustraciones que Jesús usaba para su enseñanza eran tan sencillas que su mensaje podía ser comprendido sin necesidad de conocer todos los formulismos y los comentarios rabínicos profundos y rebuscados para interpretar la ley mosaica y ese era, es y será siempre su gran mérito.

¿Cómo lograr que las personas entendieran la importancia de la salvación de una persona? ¿Cómo hacerles ver que cada ser humano era importante? ¿Cómo conducirlos a la verdad suprema del valor de la vida humana? ¿Cómo hacerles comprender que si la salvación de una sola persona bien valía la pena, cuánto más la de muchos?

Con esa idea, les enseñó por medio de un ejemplo o parábola que hoy conocemos como las cien ovejas, una principio esencial de su misión en la tierra: salvar lo que se había perdido. Así como un pastor con un centenar de ovejas, al ver perdida una de ellas sale a buscarla y no se detiene hasta encontrarla.

Su alegría por encontrarla sobrepasa por mucho la molestia por haberse descarriado. Aplicado a la vida de las personas, Cristo enseñó a sus seguidores que lo que un hombre o una mujer hayan hecho de su vida en realidad es de poca relevancia frente al hecho de haber vuelto al redil del Señor.

Jesús utiliza un término interesante para llamar a estas ovejas que se salen de su redil. Les llama descarriadas, que aplicada a los seres humanos sirve para señalar su condición perdida, su situación lejana al pastor, pero sobre todo su delicada situación moral. Pero eso no importaba, el pastor estaba dispuesto a ir por ellas.

Así fue como Jesús fue por cada uno de nosotros. Perdidos, alejados de la ciudadanía de Dios, de los pactos y las promesas, éramos lo mismo que los demás, hijos de ira. Vivíamos sin Dios y sin esperanza en el mundo y él se dignó a ir por nosotros. Que gracia la suya. Que inconmensurable amor.

Ahora quiere que hagamos lo mismo con los perdidos. Que vayamos por ellos y les hablemos del amor con el que él nos atrajo. No importa si a nuestro juicio están muy descarriados. No importa cuán sumergidos viven en el pecado. Ellos necesitan un pastor que los cuide y proteja.

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