Bien en alto

Dice la Biblia en Salmos 99: 5 “Exaltad a Jehová nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies. Él es santo.”

La palabra exaltad en el hebreo tienen una connotación interesante porque implica elevar lo más alto posible. Se asocia directamente con la idea de levantar muy arriba algo o alguien. En el caso de Dios implica colocarlo en la posición cuya altura no compita con nada ni nadie más.

En el libro de los salmos encontramos esta forma de adoración a Dios de la que el Señor es merecedor porque en la tierra nadie hay como Él. Él es sublime y excelso y ninguno puede recibir la exaltación porque es un derecho o prerrogativa exclusiva de quien hizo los cielos y la tierra.

En sentido contrario, los hombres se deben postrar ante Él. La palabra postrarse implica tirarse al suelo. No significa arrodillarse y agacharse. La expresión implica recostarse en tierra con la frente en el suelo como una manera de reconocer que ante la presencia de Dios somos nada.

Postrarse resulta una consecuencia lógica al exaltar a Dios. Elevarlo a él y nosotros humillarnos es una forma de adorar a Dios que engrandece su nombre. Tal vez quien mejor sintetizó esta idea fue Juan el Bautista que cuando le preguntaron si él era el Cristo después de rechazarlo, señaló: “Es necesario que Él crezca, pero que yo mengüe.

La razón que nos llevan a exaltar a Dios y postrarnos ante su presencia el salmista la presenta en solo tres palabras: Él es santo. Dios es merecedor de la exaltación y la humillación de su pueblo por su santidad que en términos sencillos significa su separación absoluta del mal.

Dios es bueno. No es que tenga bondad, sino que es la representación del bien. En ese sentido el mal no tiene poder sobre Él y por esa razón Él es santo. Su santidad nos conduce y nos lleva a adorarlo de una manera tal que quede siempre claro que el único merecedor de toda honra y gloria es solo Él.

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