Obediencia al Dios que sabe todas las cosas

Dice la Biblia en Salmos 119: 168

“He guardado tus mandamientos y tus testimonios, porque todos mis caminos están delante de ti.”

El salmista esta convencido de que Dios sabe todas las cosas que hace. La omnisciencia y omnipresencia del Señor son verdades que el autor del texto que hoy meditamos reconoce de manera categórica. Dios está en todas partes y conoce todas las cosas. Nada se le puede ocultar ni nuestros más íntimos pensamientos.

Todo está desnudo ante la presencia del Señor. Nada desconoce, nada ignora. Esta en todas partes y en ningún lugar su presencia deja de manifestarse porque abarca todo el mundo desde el hades hasta el cielo. Todo se llena con su presencia y toda la geografía humana le es familiar.

Ante esta clase de Dios, lo único que resta es guardar sus mandamientos y testimonios. Obedecer la palabra de Dios es la única alternativa porque de esa forma podemos alinear nuestra existencia a sus designios y con ello nuestra vida alcanzará la paz y la tranquilidad sin importar si vivimos en bonanza o en adversidades.

La Biblia nos muestra el camino o la clase de vida que debemos llevar. Nos instruye y nos dirige sobre todo aquello que debemos rechazar para no afectar nuestra existencia, pero también nos señala lo que podemos hacer para vivir bajo la cobertura de un Dios que sabe y conoce todo y está en todo lugar y en todo momento.

La Escritura tiene la enorme virtud de hacernos rectificar cuando estamos errados en el camino que Dios ha señalado. Es como una hoja de ruta que nos permite dirigirnos correctamente y evita que nos desviemos o nos extraviemos en el camino de la vida. Es una brújula que nos conduce siempre a Dios.

En sus páginas siempre encontraremos las señales correctas para saber cuando detenernos o cuando avanzar. La palabra de Dios es nuestra más segura GPS para llegar al destino que queremos.

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