Hasta tres testigos

Dice la Biblia en Mateo 18: 16

“Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.”

Cristo diseñó un breve, pero efectivo proceso de reconciliación en la comunidad cristiana para resolver ofensas y agravios entre hermanos a fin de dilucidar quien tenía o tiene la razón y luego de pedir que la confrontación sea personal, solicita, en caso de que el ofensor se mantenga en su misma oposición, convocar a uno, dos y hasta tres testigos.

Los testigos son fundamentales para defender la causa de la persona ofendida. Serán quienes sepan en realidad lo que sucede y serán los garantes para deslindar responsabilidades en un desencuentro entre el ofensor y el ofendido y dejarán constancia si el responsable de la falta mantiene su negativa de arrepentimiento.

Jesús sabía perfectamente que la convivencia cristiana no estaría exenta de rispidez y conductas alejadas del amor y compasión y por ello dejó este sabio proceso para ayudar a la iglesia y los involucrados a resolver sus diferencias de tal manera que las ofensas fueran sancionadas y el ofendido recibiera disculpas y otorgara el perdón.

En el fondo lo que buscaba Cristo era sanar tanto al ofendido como el ofensor y a la vez dejar un testimonio a favor de éste en caso de que quien causó el agravio se atrincherará en su conducta y no tuviera la intención de reconocer que había obrado mal y había dañado a su hermano en Cristo.

Pero el Señor conocía y conoce la naturaleza humana y sabe que hay personas que a veces por alguna razón desconocida se montan en su posición y bajo ninguna circunstancia acceden a humillarse ante los demás por el mal que hicieron. A ellos justamente está dirigida esta solicitud de llevar hasta tres testigos para dejar en claro su falta de amor.

Ante una grave ofensa no se debe dejar pasar por alto de ningún modo. Cristo estableció este mecanismo legal para sancionar a quien en lugar de deponer su actitud se mantiene rijoso y altivo con quien ofendió con sus palabras o con sus hechos. El culpable tiene una segunda oportunidad de arrepentimiento antes de ser condenado.

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