La disciplina en la iglesia

Dice la Biblia en Mateo 18: 17

“Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.”

Cristo dejó instrumentos a la iglesia para disciplinar a quienes “pecan” contra sus hermanos, es decir ofenden con su conducta y su palabra. La iglesia o la asamblea de los llamados por el Señor jamás fue concebida para ser permisiva o indiferente a la forma de comportarse de sus integrantes.

Después de dos amonestaciones en privado y luego de resistirse a deponer su actitud y solicitar perdón, no queda alternativa más que la disciplina pública para cancelarle la posibilidad de convivir con el pueblo de Dios que es una de los privilegios más grandes que puede haber en este mundo.

De la posición de miembro en plena comunión con los hijos de Dios, el hombre o mujer cuya conducta no se ajusta a la piedad cristiana debe ser separado y colocársele en la condición de un gentil y publicano, dos expresiones que es necesario atender por separado debido a su importancia para entender que quiso decir Cristo con llamara así a quien “peca”.

El gentil en los tiempos de Jesús era un ser despreciable, una persona completamente alejada del conocimiento de Dios y en consecuencia incapaz de llevar una vida ajustada a las demandas del Dios santo y lógicamente, por ende, sin la bendición que trae consigo obedecer a Dios.

Los publicanos eran recaudadores de impuestos entre los judíos para entregarlos a Roma. Eran vistos como unos verdaderos traidores al pueblo hebreo. Era conocida su avaricia y codicia. Eran corruptos porque obtenían las ganancias que querían respaldados por los militares romanos en caso de que algún judío se resistiera a pagar sus tributos.

Cristo dice que aquel que peca contra su hermano, si no cambia su actitud debe llamársele primero en privado, luego en público para que cambie su conducta, pero si rechaza el llamado en privado y en público no queda alternativa sino separarlo de la comunidad cristiana. La iglesia no puede ser permisiva ni cómplice de aquellos que viven como quieren.

Si pecar contra un hermano u ofenderlo de manera grave demanda una disciplina ejemplar, qué merece una persona que comete un delito sancionado por la ley humana, sin duda ponerlo a disposición de la autoridad. Nunca solaparlo, ni mucho menos encubrirlo. Le fallamos a Cristo al proteger delincuentes al interior de la iglesia.

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