La Escritura y la oración, una combinación indispensable

Dice la Biblia en Salmos 119: 170 “Llegue mi oración delante de ti; líbrame conforme a tu dicho.”

La oración apoyada en la Escritura es una fuente inagotable para conversar con Dios. Podemos pasar horas platicando con el Señor cuando tomamos la palabra de Dios como referente para esos tiempos en los que podemos plantearle a Dios nuestras peticiones, ruegos, acciones de gracias y peticiones.

El salmista necesita a Dios porque vive momentos en los que su vida parece entregada a sus enemigos y requiere que Dios lo libre. Para ello, el autor del texto que hoy meditamos le recuerda al Señor lo que ha dicho en la revelación escrita sobre el cuidado y protección que le dispensaría a los justos.

La efectividad de la oración reside en recordarse a uno mismo y recordarle a Dios lo que ha dicho. Así no pediremos cosas a las que Dios no se comprometió, pero si podremos suplicarle que cumpla con lo que sí ha dicho. Es una forma de acercarnos a Dios con más certezas que dudas.

La oración es un ejercicio indispensable para la vida justo en el mismo nivel que la Escritura. La virtud del verso de hoy es que la conecta de una manera en la que ambas se colocan en la misma dimensión o en la misma altura de importancia. Orar de acuerdo a lo que Dios ha dicho tiene la bendición de alcanzar las promesas de Dios.

Una breve revisión de los grandes varones y mujeres de Dios de la Biblia nos permite comprender o aprender como cada vez que se acercaron a Dios lo hicieron utilizando su propia palabra para pedirle compasión, para pedirle redención o para pedirle la victoria en medio de grandes luchas.

Y siempre fueron escuchados por Dios. Fiel a su palabra el Señor actuó en consecuencia y consoló sus corazones, además de oír y darles lo que pedían y es que Dios no se puede negar así mismo. Si Él lo dijo, Él lo hará.

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