Cumple lo que prometes

Dice la Biblia en Proverbios 6: 3 “Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, ya que has caído en la mano de tu prójimo, ve, humíllate, y asegúrate de tu amigo.”

Una de los desencuentros que más separan a las personas o a los amigos es el incumplimiento de un compromiso. Hablaré aquí de los compromisos voluntarios, no de aquellos que están vinculados por una cuestión económica como son los contratos entre dos o más personas, sino aquellos donde el compromiso es moral.

Vivimos tiempos en los que en muchas ocasiones no se respetan ni aún los compromisos en los que hay una obligación monetaria y las obligaciones morales resultan lo más fáciles de evitar o ignorar porque suponen acuerdos sin importancia o sin valor porque nadie esta obligado a nada. Si se hacen o no carece de relevancia porque nadie puede ser sancionado.

Para el rey Salomón, autor de los Proverbios, tal concepción es equivocada porque el deber de hacer lo que se dijo es de vital importancia debido a que habla mucho de la persona. Una persona que cumple lo que dice es confiable y digna de crédito a diferencia de quien huye de sus responsabilidades que asumió sin que nadie lo obligara a nada.

Alguien que se compromete de labios solamente o por su dicho y lo hace como si tuviera encima una presión muy grande o una carga muy pesada, es una persona que valora grandemente su palabra y por ningún motivo desea que sea tomado como un hablador o como un mentiroso.

Es alguien que no necesita un papel o que no requiere de testigos para hacer cumplir las tareas a las que se obligo por su propio deseo. Con esta clase de personas no aplica el dicho mexicano que repetimos para obligar a alguien a cumplir sus compromisos: “papelito habla” para referirse a un contrato hecho por escrito.

Por eso, Salomón le pide a quien haya empeñado su palabra para que vaya con quien lo hizo y se excuse, sin importar que sea vergonzoso o humillante reconocer que lo que se dijo no se hará o que el compromiso no será cumplido. Con ello salvará su honra y lo más valioso, su reputación o fama pública.

En tiempos en que la palabra de honor se pierde y parece una costumbre en extinción, la Escritura nos recuerda su importancia y su valor porque define la clase de persona que es quien la practica.

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