Usa correctamente los dones que Dios te dio

Dice la Biblia en Número 31: 8 “…también a Balaam hijo de Beor mataron a espada.”

El único profeta gentil del Antiguo Testamento murió de forma violenta a mano del improvisado ejército de Israel que Moisés reclutó para vengarse de Madián que buscó por todos los medios maldecir a Israel usando precisamente a Balaam, un hombre que el Nuevo Testamento señala como el prototipo de quienes lucran con la fe.

La historia de Balaam la encontramos relatada justamente en el libro de los Números. El rey de Madián, Balac, lo contrata para maldecir a Israel porque siente miedo de los judíos. El monarca sabe de los dones proféticos que tiene su compatriota y le ofrece dinero, mucho dinero para cumplir con esta misión.

Desde un principio Dios le dice a Balaam que no debe ir con los emisarios de Balac, quienes lo quieren llevar a una cumbre muy alta desde donde se contempla completamente el campamento de Israel, pero él a sabiendas que Dios jamás dejará que se maldiga a los hebreos los acompaña.

En tres intentos por lanzar imprecaciones contra el pueblo de Dios, sale bendición de sus labios y eso enfurece al rey Balac. Balaam que no está dispuesto a perder el dinero que le han ofrecido, le dice a su patrocinador que hay otra forma en que el pueblo de Israel puede ser destruido.

Le dice que los israelitas tienen prohibido la idolatría y la inmoralidad sexual y si caen en ella, el Señor mismo los castigará. Con ese conocimiento Balac envía mujeres que llevan a los judíos a estos pecados. El libro de Apocalipsis 2: 14  lo retrata así: “Balaam que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”.

Balaam muere porque nunca supo valorar el don que Dios le había otorgado y lo utilizó para su beneficio personal. Los dones del Señor son estrictamente para servirle a Él. Su uso personal solo produce muerte y desolación para quien se atreve a pensar que las capacidades sobrenaturales que Dios da pueden tomarse como patrimonio personal.

Ante el fin que tuvo Balaam, las palabras de Cristo resuenan más que fuerte a todos quienes Dios ha dado dones y ministerio: “Dad de gracia, lo que de gracia recibiste”. Otras versiones traducen este mandamiento así: “Den gratuitamente lo que gratuitamente recibieron.”

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