Estamos completos en Cristo

Dice la Biblia en Colosenses 2: 10 “y vosotros estáis completos en Él…”.

Para referirse al estado del creyente en Cristo, Pablo utiliza una figura coloquial entre los colosenses: un recipiente lleno o rebosante. Una taza, vasija, jícara o cubeta suministrada generosamente o llena al máximo y que en consecuencia ya no le cabe nada más porque se derramaría.

En Cristo el creyente esta completo. No necesita nada más. Cristo es suficiente para llenar su vida y su existencia. Ese es el sentido de la palabra griega “pleroó” que la versión Reina Valera 1960 traduce como “completos”. El vacío existencial del ser humano se satisface con Cristo, con nadie más.

En la carta a los Colosenses Pablo combatía a los falsos maestros que enseñaban erróneamente que era necesario guardar preceptos y mandamientos de la ley mosaica tales como la circuncisión, los días de luna nueva, y toda una serie de ordenanzas contenidas en el Pentateuco.

También luchaba contra los enseñadores equivocados que suministraban a los creyentes doctrinas de filósofos para aprender sabiduría humana que complementara lo que Cristo había hecho y enseñando. Por supuesto que ellos también estaban alejados de la verdad del evangelio.

Pablo les dice a sus amigos de Colosas que en Cristo todos estamos completos, que no nos hace falta nada porque su muerte vicaria en la cruz del calvario nos abrió las puertas del cielo demandando solamente fe de nosotros y que a partir de ese momento nuestra existencia transcurre como David decía: “mi copa esta rebosando”.

Pablo quería y quiere que entendiéramos que es una fe sencilla la que pide Cristo. Una fe simple, pero segura. Una confianza fincada en lo que hizo Cristo y no en lo que los hombres hacen. La obra de Cristo fue completa en la cruz. No le hace falta nada y aunque le hiciera falta algo, el hombre es incapaz de completarla.

Fue tan suficiente que es capaz de llenar nuestras vidas. Justo de la cruz brota el agua viva que llena y satisface a los seres humanos de tal manera que la insatisfacción personal no vuelva a atosigar y atormentar a nuestra alma. No tenemos que buscar nada más, sino solo a Cristo que llenará una y otra vez nuestra existencia con su amor y alegría para vivir la vida.

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