Estudio de la Escritura con gozo

Dice la Biblia en Salmos 119: 171 “Mis labios rebosarán de alabanza cuando me enseñes tus estatutos.”

Cuando los judíos regresaron del cautiverio babilónico bajo el liderazgo de Nehemías y reconstruyeron muros y el templo de Jerusalén, le pidieron a Esdras que les leyera la ley de Moisés. Así en Jerusalén se oyó de nueva cuenta la ley. Impresionados los hebreos comenzaron a llorar.

Las palabras de la ley los quebrantaron y la explicación que recibían de la palabra de Dios por parte de los levitas los hizo derramar lagrimas al entender cada una de las ordenanzas que Dios les había mandado y que sus antepasados habían desobedecido y por ello habían sido expulsados de Israel.

Cuando los vieron llorar, Nehemías, Esdras y los levitas que hacían entender al pueblo la Torá, les pidieron que no llorarán, sino que se alegrarán. “no os entristezcáis, porque el gozo del Señor es su fuerza”.

Este relato nos puede enseñar o nos puede hacer ver que el proceso de enseñanza aprendizaje de la Escritura no necesariamente tiene que ser doloroso o sufrido, por el contrario el estudio, meditación y reflexión de la revelación escrita de Dios debe ser acompañado siempre de alegría y regocijo.

La palabra de Dios se disfruta y como se disfruta la alabanza desbordada acompaña esos tiempos en lo que Dios habla a nuestro corazón a través de su bendita Escritura. Y debe ser así porque es motivo de regocijo saber que Dios nos habla, que Dios se comunica con nosotros y no nos deja en desamparo.

El autor de este verso sabía que aprender la Biblia o conocer lo que Dios dice a través de ella, será siempre motivo de alegría y en consecuencia hará que sus labios rebosen de alabanza hacia el Dios eterno que dejó sus ordenanzas para dirigir la vida de su hijos que desean honrarlo.

Cuando estudiar la Biblia se torne pesado, debemos hacer un alto y pedirle a Dios que nos haga disfrutar del placer más grande que puede haber en este mundo: oír la voz de Dios hablándonos  de manera directa a través de las páginas de ese bendito libro.

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