Mensajeros fieles

Dice la Biblia en Proverbios 13: 17

“El mal mensajero acarrea desgracia; mas el mensajero fiel acarrea salud.”

Cuando Salomón escribe este proverbio los seres humanos carecían de medios de comunicación efectivos para acortar distancias, agilizar el intercambio de información y sobre todo comunicar asuntos delicados o urgentes entre familiares, amigos y socios, por lo que el común utilizar personas que llevaban los mensajes, es decir a los mensajeros.

Era una responsabilidad muy grande la que asumían quienes se ocupan de esta actividad porque quedaba en sus manos mensajes que podían ser de muerte o vida o que podían ser de gran valor económico o también que podían simplemente informar sobre alguna decisión o resolución.

Contar con un buen mensajero o ser un buen mensajero era una bendición. Pero contratar a un mal mensajero o serlo era una calamidad que podía traer tal desolación que se buscó por todos los medios encontrar esta última clase de personas en las que se podía depositar la confianza sin temor a ser defraudado.

En este proverbios Salomón hace ver a todos que hay labores que parecen insignificantes o sin ningún valor que pensamos que nada ocurre si hace bien o si se hace mal. Ejecutar nuestras labores sin la debida responsabilidad es un mal común entre los seres humanos. Desplegar nuestro trabajo con una actitud perezosa o con desgano puede ser muy grave.

Salomón quiere que sus lectores comprendan el valor de laborar o desempeñar nuestras actividades con todo sentido de responsabilidad ya que al hacerlo de esa manera la gente que nos contrate o las personas que acudan a consumir nuestro trabajo serán gratamente sorprendidas.

Este mundo necesita que la gente haga su trabajo con fidelidad. La fidelidad no es otra cosa que hacer las cosas con toda determinación y sobre todo con mucho empeño y dedicación de tal forma que quien recibe lo que hacemos pueda notar que le hemos prestado un trabajo de excelencia.

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