Unidos en Cristo

Dice la Biblia en Mateo 18: 19 “…si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.”

Si algo aprecia el Señor en su iglesia es la unidad. Vivir bajo una misma mente y un mismo Señor le garantiza a la comunidad cristiana fuerza y poder, según comprendemos del texto que hoy reflexionamos. La división o el enfrentamiento solo produce improductividad, sequedad y finalmente la inanición o la muerte.

Jesús les dejó bien en claro a los discípulos que la unidad también les permitirá resistir los embates del pecado, el mundo y el maligno. La cohesión espiritual, la concordia entre los discípulos y la unión entre los hermanos de la asamblea de los llamados será el escudo y el dique que les permitirá luchar contra las acechanzas del diablo.

Cristo explicó lo complicado que resulta la subsistencia de un reino dividido. Dicha verdad la dijo en relación con las acusaciones que se le hicieron por echar fuera demonios, pero bien aplica a la cristiandad. Una iglesia que no camina unida, que se divide o se cercena corre ese mismo riesgo.

De hecho, justamente por esa razón, en su oración registrada en el capítulo 17 del evangelio de Juan, Jesús le pide al Padre que sus seguidores “sean uno” como Él lo era con el Padre porque sabía lo importantísimo que era y es que se viva como dice el salmo 133 “juntos en armonía” los hermanos.

Una iglesia unida tiene una efectividad notoria en la oración. Cristo dijo que si dos se ponen de acuerdo en una petición que le hagan al Señor será escuchada solo porque lo hacen unidos. Es de imaginarnos, entonces, lo que provocaría que decenas, cientos o miles se cristianos unidos lograrían ante el Padre.

Uno de los grandes peligros de la unidad es justamente la envidia. Otro de ellos es el orgullo y altivez. Son enemigos silenciosos que hacen imposible ver como iguales a los demás y provocan que la gente vea a los demás como inferiores causando una separación contraria a las demandas de Cristo.

La iglesia es un grupo de personas llamadas por un mismo Señor. Compradas con un mismo precio. Redimidas con el mismo interés y tratadas con el mismo amor. Nadie es más y nadie es menos. Con eso bastaría para comprender que en el pueblo de Dios todos somos iguales y con ello procurar siempre estar viviendo en armonía.

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