Afligidos por Cristo

Dice la Biblia en Colosenses 1: 24

“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo que es la iglesia.”

Pablo escribió la Carta a los Colosenses desde la prisión. Estaba recluido injustamente en una cárcel de Roma. Después de tres viajes misioneros donde había llenado del evangelio de Cristo por muchísimas ciudades y había sufrido prisiones, persecuciones, azotes, naufragios, hambre, escasez y toda clase de adversidades, era un preso.

Escribe esta carta para precisar que Cristo es suficiente para el creyente. Cristo tiene la preminencia porque en su persona habita corporalmente la plenitud de Dios. Nada hace falta en su presencia porque Él es antes de todas las cosas y todas las cosas en Él subsisten. Con ello cierra al paso a quienes a la obra de Cristo siempre quieren agregar algo más.

No hace falta nada. Cristo es suficiente. Su muerte vicaria cumplió cabalmente con los requerimientos de un Dios santo, puro y justo. Fue el sacrificio perfecto, completo y bien acabado.

Al escribir su epístola, Pablo dice que nada ha de agregarse, pero si hay algo que nunca saldrá sobrando o nunca estará demás y eso es sufrir. El sufrimiento es parte fundamental del cristianismo. La tribulación es la esencia del cristianismo. Sufrir por hacer lo bueno es lo más normal en el reino de los cielos.

Todos los escritos apostólicos del Nuevo Testamento expresan esa idea. El dolor no debe sorprender a nadie. Seguimos a un Cristo que sufrió toda clase de contradicciones de los pecadores y luego entonces nosotros debemos caminar esa misma ruta, el camino angosto, ese del que nadie se puede hacer a un lado.

Pablo dice en su carta que cumple lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo que es la iglesia no porque hayan sido insuficientes los sufrimientos de Cristo, sino más bien señalando el único camino que patentiza la garantía que estamos en la verdad y es precisamente sufrir por Cristo.

Seguirlo a Él implica toda clase de tribulaciones. Pruebas y dificultades. El sufrimiento forma parte indispensable en la formación del carácter de Cristo en la vida de los creyentes. No se trata de masoquismo, es decir, de buscar sufrir, sino de resistir las penas y dolores que vienen de ir tras la cruz del Señor.

Pablo escribía al respecto: Si sufrimos con Él, reinaremos con él. El sufrimiento es la constancia de nuestro servicio por Cristo.

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