Los enviados deben proclamar el mensaje de Cristo sin temor

Dice la Biblia en Mateo 10: 26-31

26 Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.  28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. 29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.  30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados.  31 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

Introducción

El odio, la persecución, los enfrentamientos por la fe entre la familia y la incomprensión del evangelio irremediablemente llevarán a algunos de los enviados a la muerte. Frente a la muerte la actitud que se debe asumir es de entereza. Frente a sus verdugos los enviados debe confiar siempre en Dios.

Cristo advirtió que en algunos casos, no en todos, algunos de sus embajadores del evangelio morirían a manos de hombres sin temor de Dios que pensarían que de esa manera cumplen con una encomienda divina, cuando en realidad son instrumentos del maligno para privar de la vida a un ser humano.

El trance más difícil que se puede tener por anunciar las buenas nuevas de salvación es justamente morir por ellas. Esa posibilidad existe y puede presentarse entre aquellos que han decidido hacer de la proclamación del mensaje de Cristo el estilo de vida y el propósito de su existencia.

El temor vendrá a sus vidas ante esta clase de situaciones. El miedo ante las amenazas y odio que pasarán es algo de lo que habló Cristo para pedirles que confiarán en Dios y no se dejarán intimidar por personas que lo único que podía hacer era privarlos de la vida, pero no privarlos del cielo.

En el pasaje que hoy estudiamos en cuatro ocasiones se utiliza la palabra “temor” lo que nos permite comprender que la intención de Cristo es la de alentar a sus seguidores y hacerles ver que deben confiar en su cuidado y protección y llegado el caso debe afrontar su martirio con entereza, convencidos de que tendrán su galardón.

El punto más alto de todos los sufrimientos que hay en esta vida a causa del evangelio es morir por Cristo. Es un privilegio concedido solo a unos cuantos no a todos.

Los enviados deben proclamar el mensaje de Cristo sin temor

I. Para que su mensaje sea público y sin censura
II. Porque los hombres matan el cuerpo y Cristo, el cuerpo y el alma
III. Porque Cristo los protege como a la aves

El temor hace que cualquier actividad se haga de manera equivocada o errónea. El temor paraliza y hace también que las personas dejen de hacer alguna actividad o alguna acción en su vida. En el extremo opuesto la confianza hace que las personas hagan sus labores con eficiencia y eficacia.

Las palabras de Cristo a sus enviados buscan exactamente ese efecto. El evangelio tendrá enemigos que los odiarán y perseguirá, pero ellos deben hacer su labor con entrega y pasión, sin importar si las personas que lo escuchan en lugar de arrepentirse se llenan de ira contra ellos.

Nada ni nadie debe atemorizarlos. Cristo los cuida y los protege. De llegar el caso si la muerte fuera el precio a pagar deben saber que es lo más que pueden hacer. Pero Cristo puede no solo matar el cuerpo, sino también arrojar el alma en el infierno, es decir puede condenar eternamente ya no solo a los homicidas de sus hijos, sino también a los apostatas.

I. Para que su mensaje sea público y sin censura

El mensaje de Cristo debe sonar claro y preciso. No se debe ocultar ni se debe esconder por el hecho de que existan amenazas en contra de los enviados. Las buenas nuevas de Cristo deben publicitarse y llevarlas al mayor número de personas y para ello se tiene que buscar los medios necesarios.

Mientras no haya advertencias de violentar a los mensajeros esta es una verdad sin el mayor de los problemas. Las dificultades surgen cuando el mensaje es censurado y en consecuencia el mensajero queda en una franca situación endeble porque si habla ese mensaje puede sufrir represalias.

Allí es justamente cuando los mensajeros pueden retroceder intimidados por quienes con fuerza y poder como la de los gobernantes o líderes religiosos se oponga a la predicación del evangelio, tal y como le ocurrió a algunos apóstoles, particularmente a Pablo en tiempos bíblicos y en tiempos modernos a hombres como Lutero, Calvino, Juan Knox, entre otros.

Cristo desea que su mensaje sea público, que nadie lo cambie o lo vuelva algo escondido u oculto, sino que se presente tal como es: revolucionario por transformar al hombre desde su ser más íntimo.

II. Porque los hombres matan el cuerpo; Cristo, el cuerpo y el alma

Frente a las reales amenazas de muerte que los enviados recibirán Cristo les dice que llegado el caso, no deben sentir miedo ante sus perseguidores porque a pesar de ser muy dolorosa una muerte, la que provocan estos hombres solo produce una separación temporal.

Cristo hace una clara distinción entre lo que los hombre logran la matar a un predicador del evangelio y lo que Cristo puede hacer con ese mismo predicador y con cualquier hombre que se rehúsa a creer en Cristo y vive una vida dándole la espalda a su Creador: le puede quitar la vida y enviarlo al infierno.

Jesús pone en balanza los alcances y límites de los hombres cuando privan de la vida a alguien frente a lo que el Señor puede hacer ante los hombres. En realidad no hay punto e comparación. La grandeza de Dios se ve por todas partes. Su poder va más allá de la muerte y se instala en la eternidad que es su campo o su dominio.

La idea es hacernos ver que hay algo peor que la muerte y es morir alejados de Cristo. De hecho todos vamos a morir, pero la diferencia entre unos y otros es que algunos morirán sin Cristo y otros sí. A los primeros les espera el castigo eterno, mientras que a los segundos les espera el paraíso preparado por Cristo.

III. Porque Cristo los protege como a la aves

Para alentarnos a no tener miedo, Cristo usa una ilustración muy interesante y una verdad irrebatible.

El ejemplo de las aves que se comercializaban en los tiempos del Señor es una clara forma de enseñarles a confiar en él. Las aves eran cazadas y a pesar de parecer débiles y sin importancia, se vendían en el mercado de Jerusalén. Ninguna de ellas caía en tierra es decir siempre estaban bien resguardadas.

Si esas aves tan insignificantes tenían un valor cuanto más ellos o cuanto más los enviados y ese debería de ser su pensamiento a la hora de quedar en la disyuntiva de seguir haciendo su labor misionera o retractarse de su misión, algo que sería vergonzoso y catastrófico para ellos.

Para rematar este pensamiento, Cristo les dice que tiene contados cada uno de sus cabellos, es decir sabe perfectamente quienes son y las dificultades que atraviesan a la hora de compartir el mensaje de salvación.

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