La memoria del justo

Dice la Biblia en Proverbios 10: 7

“La memoria del justo será bendita; más el nombre de los impíos se pudrirá.”

Lo que el hombre deja a su paso por la tierra es memoria. Los seres humanos dejamos recuerdos entre quienes nos rodean. Algunos tienen el privilegio de dejar una huella imborrable de bien y bondad, pero otros tienen la penosa carga de heredar a sus cercanos y a veces lejanos una marca de maldad e iniquidad.

La historia de la humanidad está plagada de seres que se les recuerda con aprecio y cariño, pero también está poblada de personajes que dañaron tanto o causaron tanto dolor que su memoria solo sirve como ejemplo de lo que no se debe hacer en la vida o de lo que no se debe vivir.

Salomón, autor de los Proverbios, dice que la memoria del justo será bendita para recordar que una persona piadosa o temerosa de Dios habrá de dejar una impronta o una señal de bendición, es decir que su legado será para bien de muchos, en primer lugar de sus descendientes y en un segundo término para quienes conozcan de su vida.

La piedad o la justicia siempre paga bien. Porque hace que los justos disfruten una vida apacible durante su existencia y aún después de ella serán recordados con aprecio y servirá de ejemplo positivo de lo que constituye vivir para el Señor. La justicia hace que las personas nunca mueran.

Frente al justo se yergue el impío, un ser que carece de temor de Dios, una persona que se mofa del Creador, que lo increpa. Un ser insolente que se regodea burlándose del Señor con su conducta y en que cuyos pensamientos no existe el menor recato y respeto por los mandamientos de Dios.

Salomón dice que esta clase de personas tiene garantizado la pudrición de su nombre. Su recuerdo solo será relacionado con lo inservible, lo inútil o lo desechable. El recuerdo de ellos solo será de vergüenza y oprobio y se traerá a la memoria como parábola de lo que nunca se debe hacer a nuestro paso por la tierra.

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