Dios no desampara a nadie

Dice la Biblia en Salmos 9: 10 “En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron.”

Este salmo fue escrito por el rey David. Lo escribió para enfrentar el miedo y temor que le despertaban sus poderosos enemigos que lo acechaban para destruirlo. David resintió como todos nosotros la zozobra que producen las amenazas de muerte, pero siempre lo encausó hacia Dios.

Porque es una realidad que el monarca de Israel conocido como el “dulce cantor de Israel” fue objeto de una persecución infame por parte del rey Saúl y fue también víctima de un constante acoso de los filisteos quienes no le perdonaron nunca haber destruido a su paladín llamado Goliat. La vida de David fue bendecida por Dios, pero dificultades no faltaron.

En medio de todo ello, estaba convencido de que solo pueden confiar en Dios lo que conocen su nombre. Conocer el nombre de Dios es comprender su eternidad. El nombre de Dios o Hashem, fue una manera usada por los hebreos para designar a Dios a fin de no usar en vano ese bendito nombre y trasgredir uno de los diez mandamientos dados a Moisés.

El nombre de Dios está formado por cuatro letras que le llamamos tetragramatón y apela a su eternidad. Dios es eterno. Es el mismo ayer, hoy y por los siglos de los siglos. Conocer su nombre implica entender su eternidad y mirar un poco al pasado para ver lo que hizo con todos aquellos que confiaron en él.

Nadie, absolutamente nadie, que depositó su seguridad en el Señor fue defraudado. Nunca hombres y mujeres que se apoyaron en Dios fueron avergonzados o fueron desamparados. Siempre tuvieron el cuidado y la protección del Señor. Si él actuó así en el pasado, estamos seguros que así mismo actuará en el presente y en el futuro porque él es eterno.

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