La grandeza de tener dominio propio

Dice la Biblia en Mateo 18: 8-9

Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.

Introducción

A la pregunta quien sería el mayor en el reino de los cielos, Cristo le dijo a sus discípulos que para entrar en el reino de los cielos era necesario ser como un niño y también evitar hacer tropezar a los demás con algún escándalo que ofendiera a los hermanos de tal manera que los llevara a pecar.

La tercera expresión de una verdadera grandeza consiste en tener dominio propio para evitar escandalizar y en consecuencia hacer tropezar o caer a los demás hermanos. Jesús quiso dejar constancia en sus seguidores para que comprendieran la importancia del dominio propio o la templanza.

Así es como podemos comprender la hipérbole que utiliza para referirse a la importancia de ser sobrios, de conducirnos responsablemente y de vivir de tal manera que evitemos los excesos en cualquier área de nuestra vida, es decir, evitar a toda costa escandalizar o hacer caer a los demás.

La hipérbole que es una figura literaria que exagera para llamar la atención, aborda dos aspectos fundamentales para controlar nuestros deseos e impulsos. El sentido del tacto y el sentido de la vista necesitan estar sujetos a la voluntad de Dios para que no nos hagan tropezar.

A lo largo de toda la Escritura encontramos una y otra vez ejemplos de personas que se dejaron llevar por sus sentidos y terminaron pagando muy cara su osadía porque no solo les afectó a ellos, sino también a quienes les rodeaban porque el pecado destruyó o arruinó su vida.

Cortarse la mano o sacarse un ojo son expresiones para llamar la atención de los creyentes con la finalidad que entiendan su gran responsabilidad ante los demás. Es una manera de hacerlos conscientes de sus obligaciones espirituales, pero principalmente de hacerles ver el gran compromiso que adquieren al seguir a Jesús.

Este pasaje lo estudiamos en el Sermón de la montaña en Mateo 5: 27-30 relacionado con el adulterio. El adulterio es lo que mejor retrata la lucha de los sentidos del tacto y de la vista y que mejor ejemplifica el escándalo que se produce.

La grandeza de tener dominio propio

A)Dominando nuestros deseos

B)Dominando el sentido de la vista

El dominio propio o la templanza requieren de disciplina. A veces de una disciplina férrea para que no nos derroten nuestros sentidos a la hora de luchar contra el mundo, contra nuestra carne o vieja naturaleza y contra el mundo que tiene como finalidad explotar los deseos naturales.

La lucha que libramos todos es una guerra sin cuartel, una batalla diaria y permanente para no dejar dominarnos por lo que agrada a nuestra naturaleza adánica lo que nos obliga a sujetar nuestras pasiones a la voluntad de Cristo porque de lo contrario terminará destruyendo nuestra vida.

La hipérbole que Cristo utiliza nos lleva a considerar dos de los sentidos que más nos hacen tropezar de tal forma que el Señor pide que los “arranquemos de nuestro cuerpo” para evitar hacer pecar a los demás. Queda claro que el tacto y la vista pueden ser tan devastadores que es mejor someterlos al reino de Cristo.

Los apóstoles preguntaron quien sería el mayor entre ellos y Cristo los llevó primero a considerar que cualquiera en cualquier momento podría descuidarse y hacer que los hermanos tropezaran o se escandalizaran y por ello dirigió estas palabras que hoy estudiamos.

A) Dominando nuestros deseos

Los deseos nos persiguen a los seres humanos, casi desde que nacemos hasta que morimos. Cuando Cristo está diciendo que es mejor cortar nuestra manos o nuestros pies que perder todo nuestro cuerpo en el infierno esta llamándonos a controlar nuestros deseos.

Santiago 4: 1 plantea esta lucha en su carta de la siguiente forma:

“¿De dónde vienen las guerra y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?”.

El mal se origina en los deseos que nos quieren controlar y nos quieren dominar y si cedemos a ellos el resultado o el final que tendremos será destructivo no solo para nuestra vida física, sino peor aún para nuestra vida espiritual. Cercenarse la mano o el pie quiere decir “amputar” nuestra alma de deseos.

La historia de los recabitas de Jeremías 35 nos ayuda a comprender como es posible dominar nuestras pasiones y deseos con la gracia de Dios.

B)Dominando el sentido de la vista

Lo que vemos define lo que deseamos. Si no vemos algo que deseamos difícilmente se despertará la codicia entre nosotros. Así queda de manifiesto con Eva que vio el fruto prohibido y lo deseó.

Así queda demostrado también con Acán que miró los lingontes de oro y le manto babilónico en Hai e hizo que Israel perdiera una batalla y se convirtió en un anatema que lo llevó a la muerte a él y a su familia. Así le pasó a David que vio a Betsabé y ofendió a Dios con adulterio.

Cortarse el ojo implica dominar lo que vemos o dominar nuestro sentido de la vista para evitar a toda costa ofender a Dios y en consecuencia ofender a nuestro prójimo, que puede escandalizarse, tropezar o sentirse ofendido.

Cristo le dijo a sus seguidores que antes de pensar en quien sería el mayor entre ellos, debían de cerciorarse de que entraran al reino de los cielos y tuvieran mucho cuidado porque sin dominio propio sería imposible acceder al reino celestial de Cristo.

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