Los valientes escritores de la Biblia

Dice la Biblia en Jeremías 36: 19 “Entonces dijeron los príncipes a Baruc: Ve escóndete, tu y Jeremías, y nadie sepa donde estáis.”

Esa fue la recomendación que los asistentes del rey Joacím monarca de Judá en tiempos del asedio de Nabucodonosor a Jerusalén, luego de que Jeremías escribiera sus profecías en un rollo que fue entregado al gobernante judío y que luego de leer quemó en un brasero ardiendo que se encontraba en su casa.

La historia relatada por Jeremías en todo el capítulo 36 del libro de la Biblia que lleva su nombre relata fielmente la condición humana frente a la palabra de Dios: desprecio, falta de interés y en algunos casos como el que hoy nos ocupa abierta oposición y la determinación de destruirla.

El rey Joacím destruyó lo que Baruc escribió de boca de Jeremías, pensando que así lo allí escrito no se cumpliría. Jeremías volvió a escribir lo que Dios le dijo en otro rollo y quedó preservado para la posteridad como un ejemplo claro y contundente que la Escritura tuvo hombres valientes que no se intimidaron y escribieron lo que Dios les dijo que escribieran.

Como ninguno de otros escritores el profeta Jeremías vivió en carne propia la persecución, la cárcel y el oprobio de sus paisanos por escribir lo que Dios le decía que redactara. Sin embargo a pesar de dicha oposición se mantuvo fiel a su llamado de no solo hablar en contra del pecado, sino aún de escribir para dejar testimonio de su vocación.

Definitivamente la mejor forma de honrar a todos esos hombres que tuvieron el privilegio de ser inspirados por Dios para plasmar en rollos de aquellos tiempos la revelación divina es leerlos y releerlos una y otra vez y poner atención a lo que dijeron porque lo hicieron a pesar de que su vida corría peligro.

Según leemos en este pasaje la Escritura se abrió paso en medio del rechazo humano de la revelación profética, se instaló en la vida de la humanidad a pesar de hombres como Joacím que pensaron que destruyendo un rollo escrito de la palabra de Dios podría acabar con lo que Dios quería que se supiera.

Definitivamente nunca pudieron y hoy gracias a Dios tenemos en nuestras manos lo escrito por el profeta Jeremías como un testimonio viviente de que el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán y que se marchita la flor y se seca la hierba, pero la palabra de Dios permanece para siempre.  

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